Ante la falta de apoyo de los bloques dialoguistas en el Senado, el oficialismo postergará la discusión sobre las primarias y reactivará el debate legislativo enfocándose en modificaciones alternativas.
La ambiciosa reforma política que el gobierno de Javier Milei envió al Congreso en el mes de abril, etiquetada en su momento como una prioridad absoluta para la gestión libertaria, permanece en un profundo estado de latencia dentro del Senado de la Nación. A pesar de los periódicos y persistentes intentos de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, por reinstalar el tema en el centro de la agenda mediática y política, la iniciativa no logra conmover el complejo escenario legislativo de la Cámara alta. El proyecto se encuentra empantanado desde hace al menos tres meses debido a una causa excluyente: el férreo rechazo de los principales bloques de la oposición dialoguista y del kirchnerismo a concederle a La Libertad Avanza (LLA) la eliminación de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Para las fuerzas opositoras, este sistema electoral representa una herramienta institucional indispensable para ordenar sus internas partidarias y evitar rupturas.
En este contexto de parálisis, el debate parlamentario amaga con reactivarse, aunque con severas limitaciones tácticas. Hace diez días, durante una sesión en el recinto y ante las presiones opositoras para discutir los proyectos vinculados al concepto de «Ficha Limpia» —que busca impedir la candidatura de dirigentes con condenas judiciales—, la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, tomó el guante. La legisladora adelantó que la Comisión de Asuntos Constitucionales retomaría el tratamiento de la reforma electoral. Efectivamente, la convocatoria formal quedó oficializada el último viernes, fijando el reinicio del debate para el próximo 15 de septiembre.
Sin embargo, la propia Bullrich reconoció abiertamente que el escenario de apoyos no ha sufrido modificaciones sustanciales desde que el texto quedó abandonado en las comisiones allá por el mes de mayo. «No hay consenso, hoy lo estamos construyendo, pero todavía no los tenemos», admitió la senadora al ser consultada sobre los votos para derogar las PASO. Ante esta carencia numérica, la estrategia del oficialismo consistirá en avanzar a paso moderado, encapsulando temporalmente la discusión sobre las primarias para enfocarse en otros ejes del proyecto: las modificaciones a la ley de partidos políticos, la digitalización de las afiliaciones y el nuevo régimen de financiamiento electoral.
El obstáculo central para el oficialismo radica en las estrictas exigencias constitucionales. Por tratarse de una modificación al régimen electoral, el proyecto requiere una mayoría absoluta para su aprobación, es decir, 37 votos afirmativos. Actualmente, la bancada libertaria cuenta con 21 escaños, lo que la obliga a tejer complejas alianzas. En esta matemática parlamentaria resultan vitales los 10 senadores de la Unión Cívica Radical (UCR), los tres representantes del PRO y una docena de legisladores de fuerzas provinciales. El núcleo de la resistencia se concentra en radicales y macristas, quienes responden a los intereses territoriales de sus gobernadores.
Todas las miradas dentro del Gobierno apuntan ahora hacia la figura del jefe de Gabinete, Diego Santilli. El exdirigente del PRO, que asumió el cargo el pasado 30 de junio tras la estrepitosa salida de Manuel Adorni, había prometido ponerse al hombro las negociaciones. No obstante, desde su desembarco en la Casa Rosada no se han registrado avances significativos. Frente a esta dilatación, algunos sectores oficiales sugieren posponer la discusión de fondo para el mes de octubre.
Mientras tanto, el factor temporal comienza a convertirse en una amenaza concreta. Fuentes del Gobierno confirmaron que las autoridades de la Justicia Electoral ya enviaron una advertencia contundente: cualquier modificación que pretenda implementarse en las elecciones de 2027 deberá estar inexorablemente aprobada antes de fin de año. Con el reloj en contra, el destino de la reforma sigue siendo una incógnita.








