La diputada nacional por La Libertad Avanza construyó su carrera política sobre la espectacularización mediática, la falta de formación técnica y un oportunismo que convierte el desconocimiento en virtud, en un contexto donde la imagen viral vale más que la preparación para gobernar.
«La gente me vota porque limpio mi casa», dijo Virginia Gallardo en pleno fervor libertario. Ahora se burla de las amas de casa porque no entienden la inflación como ella. La diputada nacional por La Libertad Avanza, panelista, reina de carnaval y figura mediática, resucitó el arquetipo de «Doña Rosa» —acuñado por Bernardo Neustadt en los años 80 para nombrar a la ama de casa poco instruida, ajena a los debates técnicos— grabando un video sentada frente a su espejo, maquillándose y explicándole a «Doña Rosa» qué es la inflación.
En el video que se viralizó esta semana, Virginia, con tono de tutorial de belleza, le explica a «Doña Rosa» el concepto de inflación con el libro que el presidente les regaló a los y las legisladoras de La Libertad Avanza, «La economía en una lección», de Henry Hazlitt. «Los precios pueden subir por diferentes razones», dice, y cita el ejemplo del precio del kilo de cebolla que puede aumentar por una mala cosecha.
Pero detrás de ese video aparentemente inocente se esconde una realidad más compleja: Virginia Gallardo es, sin dudas, una oportunista. No hay evidencia de que posea un conocimiento profundo de política o economía; su ascenso responde a una estrategia de marketing personal donde su falta de preparación se presenta como una virtud y su único capital real es la exposición mediática.
Falta de formación y preparación
A pesar de su discurso, su formación técnica es nula. Comenzó a estudiar Ciencias Económicas en la Universidad Nacional del Nordeste, pero abandonó la carrera al poco tiempo. Su «formación» se limita a clases particulares que tomó con Javier Milei, donde según ella le pedía que «bajara el lenguaje» porque si ella entendía, «cualquiera lo podía entender».
En entrevistas ha demostrado un desconocimiento alarmante. En una ocasión, al ser consultada sobre la pobreza, respondió con un furcio: «Hay 35 y antes había 56, esa es la política que yo hago, no me vengan a correr con la geografía». En otra, al preguntársele si era momento de comprar dólares, esquivó la respuesta diciendo: «No me hagas pisar el palito».
El recorrido mediático
El 12 de febrero de 2007, Virginia Gallardo, con 22 años, se calzó la corona para consagrarse reina de los carnavales correntinos. La organización estaba a cargo de la firma Fernández Affur Eventos, que tenía dominio en la logística de la mayoría de las fiestas de la provincia. Esa noche, José Fernández Affur felicitó a Gallardo por la consagración. Hasta ese momento, ninguno de los dos participaba de la vida política provincial: los carnavales y las fiestas culturales eran el lugar de concentración de capital, belleza y tradición. Affur, sin embargo, empezó a involucrarse cada vez más con el Partido Liberal de Corrientes, y en 2011 asumió como diputado provincial en la Legislatura correntina.
El futuro de Gallardo siguió un cauce parecido al de Affur y al de muchos y muchas libertarias que encontraron en La Libertad Avanza una forma de vincularse a la política sin que la exigencia sea mayor a hacer un tutorial.
Después de colocarse la corona en su Corrientes natal, viajó a Buenos Aires y participó del exitoso certamen Bailando por un Sueño, conducido por Marcelo Tinelli. Les había dicho a sus padres que volvería a terminar sus estudios en la Facultad de Ciencias Económicas para recibirse de contadora, pero la farándula pesó más. En 2009 fue pareja de baile en el mismo certamen de Ricardo Fort, con quien mantuvo un vínculo también muy mediático. En el programa Polémica en el Bar conoció a Javier Milei, a quien le pidió que le diera clases de economía.
El salto a la política
Su salto de la farándula a la política no sucedió hasta que Lisandro Almirón, candidato a gobernador de La Libertad Avanza por Corrientes, la vio circular por canales de streaming hablando bien de Milei. Almirón terminó cuarto en la elección, con el 9,5% de los votos, pero su corazonada dio resultado: los votos estuvieron y la reina fue elegida diputada.
Su salto a la política no responde a una militancia de larga data, sino a una convergencia de intereses. Dejó su trabajo como panelista de televisión para ser candidata, un puesto que le reporta un sueldo bruto cercano a los $7 millones mensuales. Ella misma se describe como «no soy la mejor política», pero se justifica diciendo que es «rodearse de los mejores». Se embanderó con Milei después de conocerlo en un programa de televisión, viendo en él una plataforma para su propio proyecto personal.
La narrativa de «la gente»
Una semana después de ganar las elecciones legislativas de 2025, se sentó a la mesa de Mirtha Legrand —conducida esa noche por su nieta, Juana Viale— y explicó por qué «la gente» la había votado. «La gente se acerca, me reconoce, me pide una foto, desde un lugar muy afectivo. Vieron en mí una ciudadana más. Alguien que camina la calle, que hace las compras, yo soy ama de casa, yo limpio mi casa, cuido a mi hija, busco los descuentos… y sé que de acá para abajo hay otro sector más vulnerable», decía en los fervores de la victoria libertaria.
«Es muy importante el agasajo a la reina, el poder sostener la tradición. Ese puede ser el escenario propicio para, por ejemplo, a futuro ser una diputada nacional», dice Virginia, señalándose a sí misma, en un programa de televisión local durante la fiesta de la vendimia de Mendoza, rodeada de uvas y césped, repasando su carrera como panelista y bailarina a casi un año de ser electa. Los conductores del ciclo celebraron su mirada sobre la cosificación de las mujeres y los concursos de belleza que fueron vapuleados por las feministas.
La espectacularización de la política
Su estrategia se basa en una fórmula que prioriza la forma sobre el fondo. En lugar de debatir ideas, se graba explicando la inflación con un «tono de tutorial de belleza» frente al espejo, usando el ejemplo del precio de la cebolla. Justifica el ajuste económico diciendo que las inversiones privadas permitirán que los argentinos «conozcan la mermelada y la manteca». Durante su campaña, usó su pasado mediático, publicando fotos con Ricardo Fort para generar empatía y votos.
Explicar la inflación —en un país donde es un drama vertebral— con el ejemplo de la cebolla es exhibir la falta de profundidad técnica como un rasgo de orgullo. Gallardo resucita el arquetipo de Neustadt de décadas atrás para, lejos de darle herramientas a «Doña Rosa», validarse en la simplificación.
Virginia Gallardo no es una política que haya estudiado o se haya preparado para gobernar. Es una comunicadora que ha sabido capitalizar su fama y su habilidad para los medios en un contexto donde la imagen y el impacto viral valen más que la formación y la coherencia. El desconocimiento y la formación en un click no es una virtud para empatizar con «la ciudadanía común».








