jueves, septiembre 24, 2026

Metalúrgica debe dos meses de sueldo y ofrece pagar con 300 kilos de bronce

La empresa metalúrgica Vaspia S.A.I.C., ubicada en Lanús Este y con más de seis décadas de actividad, adeuda más de dos meses de salarios y el aguinaldo a sus 60 trabajadores, y ofreció como única propuesta de pago los 300 kilos de bronce que sobraron de la última producción, mientras los dueños permanecen desaparecidos y sin dar respuestas.

La historia la contó por Radio 750 David Gallego, trabajador con 32 años de antigüedad en la fundición, quien dijo que el mayor reclamo que hoy tienen los empleados es alcanzar algún tipo de solución, ya sea a través de despidos y el consiguiente pago de indemnizaciones o comprando más materia prima para seguir produciendo.

«Lo que pasó es que los dueños han desaparecido. No dan respuesta. No nos pagan. Han descontado de la jubilación, de la obra social. Y no hay ningún tipo de respuesta. Nos siguen teniendo en la fábrica. Estamos en un limbo y sin ningún tipo de respuesta», describió Gallego en La Mañana de Víctor Hugo Morales. El trabajador contó además que la fábrica funciona desde mediados de los años 60 y que la mayor parte de los trabajadores tiene entre 20 y 30 años de antigüedad. Toda una vida dentro de la empresa.

«Ahora somos 60 trabajadores adentro de la fábrica, venimos igual, pero hace dos meses y medio que no cobramos y no tenemos ningún tipo de respuesta», lamentó. La única propuesta patronal fue pagar con el bronce sobrante de las producciones: «Nos ofrecieron 300 kilos de bronce. Lo que estaba en el horno. No es nada. Es lo que les sobraba. ¿Con eso qué hacemos? Nos deben dos meses y el aguinaldo», continuó.

En paralelo, la crisis de la metalúrgica Vaspia S.A.I.C. sumó un nuevo capítulo este martes con el apagado del último horno de fundición que permanecía en funcionamiento y la autorización por escrito a los trabajadores para disponer de la materia prima que quedaba en la planta. La fundición ya había paralizado su producción por falta de insumos y la empresa dejó de pagar los salarios desde julio.

El ocaso de una fábrica con historia

Vaspia es una empresa metalúrgica dedicada a la fundición de metales no ferrosos, especialmente bronce, y a la fabricación de piezas y componentes para diversas industrias. Su planta de Lanús Este fue durante décadas un engranaje clave en la cadena productiva de la zona sur del conurbano bonaerense. La firma llegó a tener más de 100 empleados en sus mejores épocas y era proveedora de grandes empresas del sector automotriz, ferroviario y de la construcción.

La historia de Vaspia se remonta a mediados de los años 60, cuando la industria metalúrgica argentina vivía su período de mayor expansión. La empresa atravesó las crisis cíclicas de la economía argentina, sobrevivió a la hiperinflación de 1989, al default de 2001 y a la recesión de 2018-2019. Sin embargo, la combinación de la caída del consumo interno, el aumento de los costos en dólares, la competencia de productos importados y la falta de financiamiento terminó por asfixiar sus finanzas.

La situación de Vaspia no es un caso aislado. La industria metalúrgica argentina atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Según datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la producción del sector acumula una caída del 12,7% en lo que va de 2026, con retrocesos particularmente pronunciados en los rubros de maquinaria agrícola (-46,6%), electrónica de consumo (-49,8%) y equipos eléctricos (-25%). La morosidad empresarial se quintuplicó en dos años y más de 57.000 empresas se encuentran en situación irregular.

Un «limbo» para los trabajadores

Los 60 trabajadores de Vaspia se encuentran en una situación de incertidumbre total. Continúan concurriendo a la fábrica —algunos por rutina, otros por temor a perder cualquier derecho— pero no reciben salario ni tienen tareas concretas que realizar. «Estamos en un limbo», repite Gallego. La empresa no ha presentado concurso preventivo ni ha comunicado oficialmente el cierre. Tampoco ha entregado los telegramas de despido que permitirían a los trabajadores reclamar las indemnizaciones correspondientes e iniciar los trámites ante el Ministerio de Trabajo.

La situación se agrava porque la empresa ha dejado de ingresar los aportes jubilatorios y las contribuciones a la obra social, lo que afecta directamente la cobertura de salud de los trabajadores y sus familias. «Han descontado de la jubilación, de la obra social. Y no hay ningún tipo de respuesta», denunció Gallego. Es decir, los descuentos se realizaron sobre los haberes —cuando estos se pagaban— pero no fueron depositados a los organismos correspondientes. Se trata de una práctica que, en el ámbito laboral, constituye una apropiación indebida de aportes y contribuciones.

La propuesta del bronce: una metáfora de la crisis

La oferta de pagar con 300 kilos de bronce es, en sí misma, una metáfora de la descomposición del entramado productivo argentino. El bronce es la materia prima que la empresa utiliza para fabricar sus piezas. Lo que los dueños ofrecieron a los trabajadores es, literalmente, lo que quedó en el horno: el excedente de una producción que ya no tiene compradores ni continuidad. «¿Con eso qué hacemos?», se preguntó Gallego. La respuesta es compleja: los trabajadores podrían intentar vender el bronce por su valor de mercado —el kilogramo de bronce ronda los $8.000, según precios de referencia del sector—, lo que totalizaría alrededor de $2,4 millones. Dividido entre 60 trabajadores, equivale a $40.000 cada uno, una suma insignificante frente a dos meses de sueldo y aguinaldo adeudados.

La propuesta patronal también revela una concepción del vínculo laboral que reduce a los trabajadores a acreedores de un remanente de producción, desconociendo derechos básicos como el salario, las indemnizaciones y las contribuciones previsionales. La autorización por escrito para disponer de la materia prima que quedaba en la planta —firmada este martes— parece más una forma de deslindar responsabilidades que una solución real para los empleados.

La crisis metalúrgica en el contexto nacional

La situación de Vaspia se inscribe en un contexto más amplio de crisis del sector industrial. La industria manufacturera cayó 4,9% interanual en julio y acumula una contracción del 2,6% entre enero y julio de 2026. De las 16 divisiones manufactureras, 12 registraron descensos interanuales. Los mayores retrocesos se concentraron en bienes durables y de capital: maquinaria y equipo se contrajo 26,7%, otros equipos, aparatos e instrumentos retrocedieron 31,4%, y prendas de vestir, cuero y calzado cayeron 15,9%.

El impacto sobre el empleo industrial es devastador. Según proyecciones de la consultora I+D, dirigida por el exjefe de economistas de la UIA Martín Coatz, 2026 terminará con 3.300 empresas industriales menos y una pérdida de 100.000 puestos de trabajo directos e indirectos. En mayo desaparecieron más de 400 establecimientos industriales, el mayor registro mensual desde 2019. El sector privado formal perdió casi 138.000 asalariados en el mismo período.

La crisis de Vaspia es, en este sentido, un eslabón más en una cadena de destrucción productiva que afecta a miles de empresas y trabajadores en todo el país. La diferencia es que, en este caso, los dueños han optado por la desaparición antes que por el concurso preventivo o la negociación con los trabajadores. Esa decisión deja a los 60 empleados en una situación de desamparo absoluto, sin salarios, sin indemnizaciones y sin respuestas.

El reclamo de los trabajadores

Los trabajadores de Vaspia exigen una solución. «Lo que pedimos es que nos paguen lo que nos deben o que nos despidan y nos indemnicen», señaló Gallego. La opción del despido, paradójicamente, aparece como la menos mala: al menos permitiría a los trabajadores acceder a la indemnización por antigüedad —que en algunos casos, con 30 años de servicio, equivaldría a 30 sueldos— y a la prestación por desempleo. Pero para eso se necesita que la empresa reconozca formalmente la relación laboral y que haya activos suficientes para afrontar los pagos.

La otra alternativa es que la empresa consiga nueva materia prima y reinicie la producción. Pero esa posibilidad parece remota: los dueños no dan señales de querer continuar con la actividad y la planta permanece paralizada desde julio. El apagado del último horno de fundición, ocurrido este martes, es una señal inequívoca de que la empresa ha decidido no seguir produciendo.

Los trabajadores han recibido el acompañamiento de la seccional Lanús de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que intervino en las negociaciones con la patronal y que ha llevado el caso al Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, hasta el momento no se ha alcanzado ninguna solución concreta. La cartera laboral podría dictar la conciliación obligatoria y exigir a la empresa que regularice la situación, pero la experiencia en casos similares indica que, cuando los dueños desaparecen, las herramientas del Estado resultan insuficientes para garantizar los derechos de los trabajadores.

Un final anunciado

La historia de Vaspia es la historia de cientos de empresas argentinas que, en los últimos años, han cerrado sus puertas dejando atrás deudas salariales, aportes impagos y trabajadores sin respuestas. La oferta de pagar con 300 kilos de bronce es una imagen que condensa la desesperación y la impotencia de un sector que alguna vez fue el motor de la economía argentina y que hoy se apaga, literalmente, horno por horno.

Mientras los trabajadores esperan una solución, la planta de Lanús Este permanece en silencio. Solo queda el bronce, ese metal que durante décadas fue sinónimo de trabajo y progreso, y que hoy es la única moneda de cambio que los dueños ofrecen a quienes les entregaron su vida.