Mientras su gobierno ejecutó un recorte real del 65% en el presupuesto de la CONAE desde 2023 y paralizó proyectos clave, el proyecto de Presupuesto 2027 asigna $25.801 millones a cuatro satélites SARE II A y $194.169 millones al plan aeroespacial, lo que genera interrogantes sobre las verdaderas prioridades oficiales.
El proyecto de Presupuesto 2027 del Gobierno nacional tiene, entre las partidas asignadas, fondos para la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), lo que impactará directamente en la empresa INVAP. Según consta en el texto oficial, habrá 25.801millones(US 14 millones) al diseño, fabricación, integración y ensayo de cuatro satélites SARE II A. La medida resulta llamativa en un contexto donde el propio gobierno viene aplicando un férreo ajuste sobre el sector científico y tecnológico.
El detalle de las partidas
El presupuesto 2027 asigna a la CONAE un total de 194.169millones(US 105,1 millones), lo que representa una caída nominal del 6,6% respecto de 2026. Del total, $163.788 millones (84%) corresponden al programa «Generación de Ciclos de Información Espacial Completos», que incluye misiones satelitales, estaciones terrenas y servicios tecnológicos. La partida específica para Misiones Satelitales – Etapa III es de $67.345 millones, y se asignan $25.801 millones a los cuatro satélites SARE II A y $801 millones a los futuros SAOCOM 2 A y 2 B.
El SARE (Sistema Argentino de Alta Revisita) consiste en una red de satélites ópticos de entre 100 y 250 kg, con cámaras pancromáticas de un metro de resolución o multiespectrales de cuatro metros, en órbitas de unos 550 km. En septiembre, el Gobierno ya había destinado $11.000 millones al proyecto dentro de un refuerzo de casi $120.000 millones para la CONAE. La documentación presupuestaria de 2026 lo mantiene en ingeniería básica, y las referencias más recientes ubican el primer SARE II A hacia 2030.
En ese esquema aparece la «plataforma Patagonia», un diseño de satélite estándar y multipropósito sobre el que puedan instalarse instrumentos ópticos, térmicos o de radar según la misión. La CONAE realizó un análisis conceptual junto con INVAP, que arrojó buenos resultados de factibilidad tecnológica. Es una especie de «bus» satelital que puede llevar al espacio distintas cargas para diferentes misiones. El año que viene podría marcar su puesta en marcha.
El SABIA-Mar 1, satélite de observación del mar único en el mundo, está en su etapa final de integración y ensayos en las instalaciones del INVAP (está en un 95% de avance) y tiene su lanzamiento previsto para el primer semestre de 2027. Pesa unos 532 kg y INVAP es el contratista principal de la CONAE para su segmento de vuelo. En julio, el Gobierno licitó el servicio de lanzamiento por US$ 26,5 millones, según el pliego. Para 2027, el presupuesto contempla los ensayos, la certificación, la preparación del segmento terreno y la contratación del lanzamiento.
La contradicción del ajuste
El dato que genera mayor perplejidad es que estas asignaciones presupuestarias contrastan fuertemente con el historial de recortes que el Gobierno aplicó sobre el sector espacial. De acuerdo con un comunicado difundido por el personal de la CONAE, el Gobierno nacional habría ejecutado un recorte real del 65% en el presupuesto del organismo desde 2023, con una reducción del 59% desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Esta situación, advierten, provocó la paralización de proyectos emblemáticos como el lanzador Tronador II, los satélites SAOCOM 2 y SABIA-Mar, además de una reducción del 20% del personal y el vaciamiento de la empresa estatal VENG, pieza fundamental en el desarrollo de tecnología espacial argentina.
El presupuesto asignado para 2026 representa un 45% menos que el de 2025, el cual ya había sufrido una degradación histórica en términos reales. Mediante la Decisión Administrativa 20/2026, el Gobierno aplicó un nuevo porcentaje de recorte al ya paupérrimo presupuesto de la CONAE. El organismo perdió el 53% de sus fondos, unos 50 trabajadores y el proyecto Tronador, mientras la infraestructura tecnológica queda obsoleta y se pierde una generación de conocimientos.
La paradoja es evidente: el mismo gobierno que recorta el presupuesto operativo del organismo, despide personal y congela proyectos estratégicos, ahora asigna partidas millonarias a la fabricación de nuevos satélites. Se trata de una contradicción que el propio personal de la CONAE calificó como «insostenible», señalando que mientras se recorta el presupuesto para la ciencia y la tecnología, se celebran los logros de proyectos que fueron posibles gracias a fondos de gestiones anteriores.
Las posibles explicaciones
El giro del Gobierno puede leerse en clave de intereses políticos y económicos. En primer lugar, las partidas para satélites benefician directamente a INVAP, la empresa rionegrina de Bariloche que es contratista principal de la CONAE. Río Negro es una provincia clave en el mapa político nacional, y la inversión en la empresa estatal de tecnología tiene un impacto directo en la economía regional y en la imagen del gobierno.
En segundo lugar, el presupuesto 2027 debe ser aprobado por el Congreso, y las asignaciones pueden modificarse durante el trámite. La inclusión de partidas para satélites podría ser una forma de mostrar una cara amable del ajuste, presentando al Gobierno como un impulsor de la tecnología nacional mientras continúa con el recorte estructural.
En tercer lugar, el contexto geopolítico juega un rol central. El Gobierno de Milei impulsa un alineamiento estratégico con Estados Unidos, y la participación argentina en el programa Artemis de la NASA forma parte de esa agenda. La CONAE tuvo un rol prominente en la misión ATENEA-ARTEMIS, y mantener cierta capacidad satelital es funcional a esa alianza.
El futuro incierto del plan espacial
A pesar de las partidas asignadas, el futuro del plan espacial argentino sigue siendo incierto. El proyecto de Presupuesto 2027 ingresó a la Cámara de Diputados y debe ser aprobado por ambas cámaras, y las asignaciones pueden modificarse durante el trámite. Además, el SARE II A aún se encuentra en etapa de ingeniería básica, y el primer lanzamiento aparece proyectado hacia 2030, lo que significa que la inversión anunciada no rendirá frutos en el corto plazo.
El presupuesto contempla también los ensayos, la certificación, la preparación del segmento terreno y la contratación del lanzamiento del SABIA-Mar 1 para 2027. Sin embargo, el lanzador Tronador II, que permitiría a Argentina tener capacidad de inyección orbital independiente, permanece congelado. Sin ese vector, el país pierde la oportunidad de convertirse en el único territorio de la región con capacidad de proveer servicios de inyección orbital independientes, forzando a las agencias locales a contratar lanzadores extranjeros como SpaceX.
El caso del satélite ARSAT-SG1 (anteriormente ARSAT-3) es otro ejemplo de la contradicción. Este satélite de propulsión eléctrica y arquitectura de alto rendimiento estaba destinado a multiplicar la conectividad federal y brindar servicios exportables de banda ancha satelital, pero la suspensión del financiamiento estatal mantiene bajo una densa incertidumbre técnica al proyecto.
El plan espacial argentino atraviesa su mayor parálisis en décadas debido a las políticas de austeridad extrema aplicadas por el Gobierno nacional. El contraste entre el potencial técnico del país y la realidad macroeconómica del sector monopolizó las discusiones en la segunda jornada del Ciclo de Innovación y Tecnología para la Defensa, donde expertos coincidieron en que el control del espectro radioeléctrico y la autonomía en la inyección orbital son pilares fundamentales para resguardar las fronteras e infraestructura crítica de América Latina.
La pregunta que queda flotando es si el giro espacial del Gobierno responde a una genuina apuesta por la soberanía tecnológica o a una mera operación de marketing político. Los números del presupuesto 2027 muestran una asignación significativa para nuevos satélites, pero el historial de recortes, despidos y proyectos paralizados sugiere que la intención no es fortalecer el sistema científico-tecnológico en su conjunto. Mientras el Gobierno celebra la llegada de nuevos equipos para las Fuerzas Armadas y anuncia inversiones en Defensa, la CONAE sigue perdiendo capacidades operativas y recursos humanos. La verdadera prueba será ver si las partidas asignadas en el papel se ejecutan efectivamente o si, como ocurrió en otras áreas, quedan en el anuncio y se diluyen en la subejecución presupuestaria.








