«Oasis, Don’t Look Back in Anger» retrata la millonaria gira del regreso de la banda británica. El film expone la intimidad de los hermanos, pero omite polémicas como el alto costo de las entradas.
La esperada película documental que retrata el explosivo regreso a los escenarios de Oasis, titulada Don’t Look Back in Anger, desembarca esta semana en las salas de cine de todo el mundo. A través de dos horas de material exclusivo, el film narra desde adentro cómo se gestó la gira mundial Oasis Live ’25, un evento que marcó el reencuentro de la banda tras más de quince años de distanciamiento y silencios. Dirigida por Will Lovelace y Dylan Southern, con la participación estelar de Steven Knight, la cinta promete convertirse en un testimonio ineludible para entender el fenómeno cultural y musical que representan los hermanos Gallagher.
El largometraje arranca exponiendo crudamente la tensión de los primeros momentos de la reunión. Una de las escenas más potentes muestra el primer ensayo conjunto antes del debut en la ciudad de Cardiff, capturado subrepticiamente con cámaras ocultas instaladas en la sala de práctica. En este segmento, Noel Gallagher ensaya con la banda hasta que Liam hace su entrada semanas después, lanza una queja sobre el sonido de la batería, interpreta su parte y se retira rápidamente del lugar.
La redención y el desinterés calculado
Uno de los grandes hallazgos del documental es la exposición de la faceta más vulnerable de Noel. Lejos de su habitual imagen áspera y cínica, el guitarrista confiesa haber sufrido nervios antes de la noche inaugural, relata que lloró previo a un show en Irlanda y admite que la muerte del bajista de los Stone Roses lo hizo reflexionar sobre su propia mortalidad.
En contrapartida, Liam exhibe una actitud que oscila entre la preparación estricta y el desinterés escénico calculado. La cinta revela que el vocalista evitó consumir alcohol y cigarrillos durante toda la gira, pero también que llegó al estadio de Cardiff apenas veinte minutos antes del inicio del recital. Esta dualidad queda inmortalizada en una de sus frases más resonantes del documental: “Hace falta preocuparse mucho para que no te importe una mierda”.
El silencio sobre el negocio millonario
Si bien la película indaga en la reconciliación fraterna, la crítica especializada, como la reseña del periodista David Renshaw en The Guardian, remarca una omisión sustancial: el aspecto económico del regreso. A pesar de que los Gallagher históricamente hicieron alarde de sus ganancias económicas, el dinero no es mencionado en todo el largometraje como motor de esta masiva reunión.
Esta ausencia narrativa contrasta ruidosamente con la polémica que generó la venta de tickets para la gira mundial. El sistema de precios dinámicos utilizado por la plataforma Ticketmaster llevó a que entradas inicialmente anunciadas a 148,50 libras se dispararan por encima de las 350 libras, generando frustración en miles de fanáticos que quedaron marginados por cuestiones presupuestarias. Liam hace una única referencia velada al tema cuando saluda a los de los «asientos baratos» e inmediatamente corrige: «En realidad no hay asientos baratos, perdón por eso».
La intimidad del reencuentro
En el plano personal, el documental confirma que el histórico nivel de distanciamiento familiar fue absoluto. Recién durante esta gira de 2025, los hijos varones de ambos hermanos, que tienen entre 15 y 26 años, lograron conocerse por primera vez. Hoy, los Gallagher aseguran estar en contacto constante, intercambiando mensajes y videos triviales que evidencian una tregua sellada, como señala Noel: «Todo fue perdonado sin una palabra».






