Binance, la mayor casa de intercambio de criptomonedas del mundo, anunció este jueves el robo de activos digitales por más de 6.300 millones de dólares, ejecutado en solo 20 minutos, según publicó Esteban Magnani el 31 de octubre de 2026.
La cifra aún debe confirmarse, al igual que el modo en que se produjo el hackeo. Las criptomonedas sustraídas son Ether, Tron y Bitcoin, que cayó un 4% tras el incidente. Antes del robo, Binance administraba aproximadamente 130.000 millones de dólares en criptoactivos, por lo que habría perdido casi el 5% del total.
La respuesta de la empresa
Binance congeló los fondos de todos sus clientes para frenar la salida de activos y aseguró que la situación está controlada. Anunció que, si se comprueban los robos, resarcirá a los clientes con fondos propios. En un comunicado en X afirmó que ya compra criptomonedas para que cada usuario reciba el mismo activo que depositó, y que trabaja con las fuerzas de seguridad en la investigación.
Una parte de lo robado, algo menos de la mitad, fue desviada a otras plataformas como Tether y Circle, que lograron congelarla antes de que llegara a billeteras locales, de las cuales ya no podría retirarse.
En las redes, algunos clientes aseguran haber retirado sus fondos justo antes del cierre de las transacciones. El resto parece oscilar entre la confianza en que Binance devuelva lo robado y el temor a que se repita lo ocurrido en 2014 con Mt. Gox, una plataforma japonesa que cerró tras un hackeo por cerca de 500 millones de dólares y cuyo episodio coincidió con una caída del 36% de Bitcoin.
Antecedentes y la investigación
En 2025, Bybit perdió 1.400 millones de dólares en un robo similar atribuido a una organización de Corea del Norte, hasta ahora el mayor golpe sufrido por una plataforma de este tipo. A diferencia de Mt. Gox, Bybit se hizo cargo de los fondos robados y sigue funcionando. El mismo jueves, Polymarket sufrió antes un robo de más de dos millones de dólares.
Según el autor, la empresa podría intentar seguir el rastro de los responsables mediante el movimiento de las criptomonedas que llegaron a las billeteras usadas para la extracción, algo que puede verificarse en los registros de los nodos. Cualquier conexión con el mundo material permitiría, eventualmente, identificar a los autores. El problema sería mayor si se comprueba, como afirman algunas fuentes, que el ataque proviene de un grupo de Corea del Norte con antecedentes en casos anteriores. Aun si se identificara a los responsables, no sería fácil capturarlos ni obligarlos a devolver los fondos.
Changpeng Zhao, cofundador de Binance en 2017 y su CEO hasta 2023, cuando fue encarcelado por violar el secreto bancario, reconoció que la empresa probablemente fue hackeada a través de la computadora de uno de sus ingenieros. Zhao recordó luego que actualmente es solo accionista y no tiene responsabilidad ejecutiva.
La mirada del autor sobre las criptomonedas
Magnani sostiene que, aun si se recuperara parte o la totalidad de lo robado, el caso renueva la certeza de que los algoritmos matemáticos no bastan para garantizar la inviolabilidad de un bien, como suelen prometer los defensores de la tecnología blockchain.
Recuerda que Bitcoin, la primera criptomoneda, fue lanzada en 2009 como respuesta financiera a la crisis de 2008. La tecnología blockchain descentraliza los controles: en lugar de un registro centralizado, cientos de nodos anotan en paralelo cada transacción. Al no tener correlato en metálico, el valor de las criptomonedas depende de la creencia de quienes les asignan valor, por lo que, según el autor, pueden desinflarse en minutos.
Entre los problemas del sistema, el columnista menciona el impacto ambiental, el anonimato que lo hace apto para transacciones ilegales y que, en su opinión, la promesa de democratizar el dinero no se cumple, ya que un grupo reducido de actores lo usaría para controlar las subas y bajas. Considera que la falta de controles centralizados favoreció la ley del más fuerte en un mercado desregulado.
Cita además el fracaso del intento de El Salvador de imponer la moneda en la circulación cotidiana y la prohibición en China, primero del minado, por su efecto sobre las metas de emisión de carbono, y luego de la circulación, por la inestabilidad financiera. Señala que Donald Trump, que criticaba las criptomonedas en su primer gobierno, ahora las adopta y que buena parte de su fortuna proviene de ellas.
Menciona también otros emprendimientos del auge blockchain, como los NFT, los fan tokens y los juegos play to earn, y casos de promotores que pasaron a la cárcel, como Leandro Cositorto y Sam Bankman-Fried, fundador de FTX. Recuerda que la stablecoin Terra, supuestamente atada al dólar, colapsó en minutos tras una corrida. Concluye que la seguridad técnica de una herramienta no define su uso social y cita al economista Raúl Scalabrini Ortiz: “Cuando usted no entienda una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende, están tratando de robarle”.
Perspectivas
Magnani afirma que el entusiasmo por blockchain ha sido un atajo para todo tipo de estafas o robos, y menciona los casos de Terra, Zoe y $Libra. Indica que aún no está claro si Binance logrará superar el costo económico de rescatar a sus clientes ni el daño a su prestigio. Aclara, no obstante, que Bitcoin y otras criptomonedas como Ether cuentan con espalda financiera y comunidad suficientes para resistir, por lo que es probable que se recuperen. Agrega que, en su opinión, es muy probable que la historia se repita, porque estos problemas “no son una falla, sino una característica”.






