viernes, septiembre 11, 2026

Milei celebra la baja inflación mientras cierra 33 empresas por día

El Gobierno celebró la desaceleración de la inflación a 1,7% en agosto, el registro más bajo en 14 meses, mientras un informe de Fundar reveló que Argentina perdió más de 31.000 empresas desde diciembre de 2023 y la mora empresarial se quintuplicó, golpeando especialmente a las pymes.

El presidente Javier Milei celebró este jueves en su cuenta de X el dato de inflación de agosto difundido por el Indec. “¡Vamos Toto!”, escribió el mandatario tras conocerse que el Índice de Precios al Consumidor registró una variación mensual de 1,7%, la más baja desde junio del año pasado y el ritmo más bajo para un mes de agosto desde 2017, según datos oficiales. El ministro de Economía, Luis Caputo, compartió un extenso posteo en la misma red social destacando que la variación interanual se ubicó en 33,5% y que la inflación núcleo fue de 1,8%. En términos técnicos, la cifra es innegable: la inflación se desaceleró y muestra su nivel más bajo en más de un año.

El problema es que, mientras el Gobierno festejaba, la economía real mostraba un cuadro de destrucción productiva sin precedentes recientes. Ese mismo jueves se conoció un informe de Fundar, elaborado con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que reveló que Argentina perdió 31.000 empresas desde el inicio del Gobierno de Milei, un promedio de 33 cierres por día. La reducción se concentró en los sectores comercial, de transporte, inmobiliario e industrial, mientras que la creación de nuevas firmas en servicios personales, hidrocarburos y minería no logró compensar las bajas registradas. El informe vincula directamente la evolución del entramado empresarial con una caída del 10% en el consumo masivo, incluido el comercio electrónico, y con el incremento de los costos de los servicios públicos, cuya canasta se encareció un 249% en términos reales, es decir, una vez descontado el efecto de la inflación.

El dato no es un número abstracto. Detrás de cada una de esas 31.000 empresas hay trabajadores despedidos, familias sin ingresos y comunidades golpeadas. La caída del 10% en el consumo masivo explica por qué los comercios cierran: no hay ventas. El aumento real del 249% en los servicios públicos explica por qué las empresas no pueden sostener sus estructuras de costos. Y la apreciación del peso argentino —que habría alcanzado alrededor del 30% desde fines de 2023— encarece la producción local en dólares, castigando a quien fabrica en el país para vender en el país. El propio informe señala que 17 de los 18 sectores relevados cayeron frente al mes anterior y 14 acumulan bajas desde la asunción del actual gobierno.

El impacto sobre las pymes es particularmente severo. Según un informe de la consultora Equilibra, la mora de las empresas se quintuplicó en menos de dos años: el monto irregular de los créditos empresarios pasó del 0,7% en noviembre de 2024 al 3,7% en julio de 2026. La probabilidad de que un crédito empresario caiga en mora ya triplica el promedio de los últimos veinte años. Los sectores más castigados son los que dependen del mercado interno: la construcción tiene una mora del 7,7% y el comercio del 6,5%. En textiles y cuero, uno de los rubros más golpeados por el nuevo esquema económico, la mora llega al 14,6%. Y cuanto más chica es la firma, mayor es el incumplimiento: para préstamos inferiores a $5 millones, la mora alcanza el 9,3%. Ya hay casi 37.500 empresas en mora, y las pymes con avales de Sociedades de Garantía Recíproca en incumplimiento casi se triplicaron, pasando de 3.354 a 9.679.

La industria manufacturera, que concentra casi una cuarta parte del crédito empresario y prácticamente la mitad de su financiamiento en dólares, muestra un promedio de mora del 3,7%, pero ese número esconde realidades dispares: mientras vehículos y transporte tienen apenas un 0,4%, textiles y cuero trepan al 14,6%. El problema no es solo financiero. La industria opera con cerca del 40% de su capacidad sin utilizar, según datos del sector. El propio Financial Times publicó un extenso análisis esta semana advirtiendo que la apertura comercial del programa de Milei está acelerando el cierre de fábricas y la destrucción de empleo industrial, mientras el Gobierno apuesta por una economía más concentrada en recursos naturales. El diario británico reconoce que la estrategia consiguió reducir la inflación, pero señala que la segunda etapa del programa está sometiendo a la industria local a una presión que, para numerosas empresas, resulta difícil de absorber después de años de baja inversión, elevados costos internos y problemas de competitividad.

El cuadro se completa con los datos de empleo. El sector privado formal perdió casi 138.000 asalariados durante el mismo período. La consultora I+D proyecta que 2026 terminará con 3.300 empresas industriales menos y una pérdida de 100.000 puestos de trabajo directos e indirectos. La industria pyme proyecta la pérdida de 500.000 empleos y el cierre de hasta 40.000 empresas en lo que resta del año.

Ahora volvamos a la inflación. El economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, calificó el dato de agosto como “muy positivo” en diálogo con Cadena 3 Rosario. Destacó que es el registro más bajo desde junio del año pasado y que la inflación núcleo se mantuvo en torno al 1,8% durante cuatro meses consecutivos. “Muestra un escalón más abajo para la inflación en estos últimos meses”, sostuvo. Sin embargo, Tiscornia también advirtió sobre los desafíos que persisten. Puso el foco en la “inercia inflacionaria”: quienes fijan precios toman la inflación del pasado como referencia, lo que puede demorar la baja. Señaló que algunos planes de estabilización incorporaron acuerdos de precios y salarios o controles más fuertes para cortar ese componente, pero que el Gobierno actual no optó por ese camino. “No va en contra de que la inflación baje, pero en todo caso te puede demorar tal vez el proceso un poco”, explicó.

El economista también advirtió por el impacto de los precios internacionales, especialmente el petróleo, que escaló por el conflicto en Medio Oriente y podría generar presión inflacionaria futura. Mencionó que el trigo y el maíz, bienes de exportación argentinos, también pueden meter presión. Y sobre la relación entre actividad y precios, fue claro: “Más actividad económica muchas veces puede venir de la mano de mayor inflación”, aunque calibrar ese equilibrio es “muy difícil” desde la política económica. El punto central, dijo, es que “las expectativas de inflación se mantengan quietas”.

La desaceleración de la inflación es real. El 1,7% de agosto es el dato más bajo en 14 meses y representa una mejora respecto de los meses previos. Pero la pregunta que el Gobierno evita responder es qué costo tiene esa estabilización. La respuesta está en las 31.000 empresas que cerraron, en los 37.500 deudores en mora, en los 138.000 empleos formales perdidos, en el consumo que cayó 10%, en los servicios públicos que subieron 249% en términos reales. La inflación baja no compensa la destrucción del aparato productivo. Un país puede tener precios estables y, al mismo tiempo, una economía que se vacía. Eso es exactamente lo que está pasando. El propio Tiscornia, al ser consultado sobre el escenario electoral, fue sincero: “No tengo la solución definitiva, lamentablemente. Sí que va a ser un desafío, como lo ha sido siempre en los años de elección”. La inflación bajó. Todo lo demás, también.