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Trump abre debate sobre postura en Malvinas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que revisará la posición histórica de su país sobre la soberanía de las Islas Malvinas, lo que generó reacciones del gobierno argentino y advertencias de analistas sobre el alcance real de la declaración.

El lunes, durante una declaración en el Salón Oval, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respondió a una consulta sobre si su gobierno reconsideraría su postura histórica respecto a la soberanía del archipiélago con una frase que activó la maquinaria diplomática argentina: «Siempre reviso cada posición. Es solo una de muchas».

En Buenos Aires, el impacto fue inmediato. El presidente Javier Milei calificó la declaración como «algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos», en declaraciones a radio El Observador este martes. El tema dominó la reunión de Gabinete, donde el canciller Pablo Quirno expuso los avances de la Cancillería en materia de soberanía. Quirno, en una entrevista con Infobae en Vivo, adoptó un tono mesurado: «Las Malvinas están en el centro del corazón de cada argentino. Es una obligación y una responsabilidad para nosotros mantener vivo el reclamo sobre la soberanía». Y agregó: «Sobre lo que no tenemos control, no operamos. Tenemos que hacer los deberes para aumentar nuestras chances de que el reclamo legítimo que tiene Argentina sobre la soberanía sea escuchado».

Diplomáticos de la Cancillería, consultados por Infobae, trazaron una distinción entre el plano discursivo y el práctico. «Lo que cambia en lo discursivo y en lo declarativo de manera pública es muy fuerte, porque inclina definitivamente la balanza sobre el tema», señalaron. «Un eventual voto abierto a favor de Argentina en la ONU sería muy fuerte; es más simbólico que político, aunque a efectos prácticos, en lo concreto no cambia en nada».

No es la primera vez que Trump utiliza el tema Malvinas en el tablero geopolítico. En abril pasado, se filtró un correo interno del Pentágono que contemplaba revisar el apoyo estadounidense al Reino Unido como represalia por la negativa de Londres a acompañar a Washington en operaciones militares contra Irán. En esa ocasión, el secretario de Estado Marco Rubio y el embajador en Argentina, Peter Lamelas, ratificaron la posición de neutralidad y Rubio descalificó el correo como «solo un email».

El asesor presidencial Santiago Caputo publicó en sus redes: «Inglaterra es el pasado. Argentina es el futuro. Es saludable que los Estados Unidos revisen su postura sobre Malvinas. Sería extraño que no lo hicieran. No se puede esperar menos de un aliado estratégico».

La reacción británica fue inmediata. El ministro de Hacienda del Reino Unido, John Healey, afirmó a The Times: «Las islas Malvinas son británicas y seguirán siendo británicas mientras las islas Malvinas así lo deseen». Healey aclaró que no recibió «ninguna sugerencia» de funcionarios estadounidenses al respecto. El portavoz del primer ministro, Andy Burnham, sostuvo que la posición de su gobierno «no ha cambiado» y que el compromiso con los isleños es «inquebrantable».

Analistas consultados por Infobae coincidieron en que la declaración debe interpretarse en clave de presión a Reino Unido y no como un giro genuino sobre la soberanía. El politólogo Claudio Fantini planteó que hay que leer las palabras de Trump «como una advertencia, no como un anuncio», vinculada a la indignación del mandatario con Londres por haberle negado el uso de bases militares en territorio británico para operaciones contra Irán. «No es algo que sale de una convicción de lo que considera lo justo y lo adecuado respecto al tema de Malvinas, sino que tiene que ver con un castigo que Trump quiere hacerle a los gobiernos británicos», afirmó. Fantini agregó que Argentina debe «salir a subrayar esta frase y no dejarla pasar».

Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, sostuvo que Malvinas es el pretexto para presionar al gobierno laborista de Burnham y forzarlo a elevar el gasto en defensa al 3% del PBI. El timing, aseguró, coincide con trascendidos de que Healey planeaba abandonar ese compromiso para 2030. «Los intereses de Argentina no entran en absoluto en consideración (de Trump) en su posible revisión de la postura sobre el estatuto legal de las islas del Atlántico Sur», concluyó.

El politólogo Andrés Malamud, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, resumió su pronóstico: «Va a pasar lo mismo que con Groenlandia, nada», en referencia al anuncio de Trump sobre la adquisición de ese territorio danés a comienzos de 2025, que no avanzó más allá de la retórica.

El exembajador Diego Guelar consideró que un eventual giro sería positivo para Buenos Aires, pero advirtió: «Un cambio de posición estratégica de este tipo requeriría consulta del Congreso. Debe haber una decisión de otro tipo. No alcanza con su opinión». Y agregó: «Si llegara a ocurrir, cosa que dudo, Milei se lo atribuiría como un logro de su administración, y tendría razón. Sin lugar debilita la posición británica».

En los organismos multilaterales, la posición de Estados Unidos sobre Malvinas siempre fue más compleja. En junio de 2026, el Comité de Descolonización de la ONU aprobó por consenso una resolución que exige al Reino Unido negociar con Argentina la soberanía del archipiélago, la misma que Londres ignora desde 1965. Desde entonces, no hubo más novedades.

El debate se da en un contexto de presión económica sobre el archipiélago. En diciembre de 2025, la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration tomaron la decisión final de inversión para desarrollar el campo petrolero Sea Lion, con una inversión de 1.800 millones de dólares y primer petróleo previsto para 2028. El Gobierno argentino, a través de la Cancillería, calificó esa explotación de «unilateral» e «incompatible» con la Resolución 31/49 de la Asamblea General de la ONU.

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