La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) notificó a creadoras de contenido de OnlyFans por presuntos ingresos sin declarar de hasta US$300.000, mientras un informe de AMMAR y el Conicet revela que la mayoría de quienes ejercen el trabajo sexual virtual gana menos de US$500 mensuales, sin derechos laborales ni protección social.
La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) comenzó a enviar notificaciones a creadores de contenido de OnlyFans por presuntas inconsistencias fiscales correspondientes a los períodos 2022, 2023 y 2024, con montos que en algunos casos oscilan entre US$200.000 y US$300.000. Las comunicaciones llegaron a través del domicilio fiscal electrónico bajo la modalidad de una «acción de control electrónico». Algunos contribuyentes aseguran que las cifras atribuidas no coinciden con el dinero que efectivamente recibieron, y en determinados casos las cuentas eran administradas por agencias o terceros, por lo que existe una discusión sobre quién debe declarar los ingresos.
Sin embargo, detrás del titular de la intimación fiscal hay una realidad mucho más compleja que el relato del «dinero fácil» que suele asociarse a la plataforma. Un informe impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y elaborado por las investigadoras del Conicet Déborah Daich y Estefanía Martynowskyj, titulado «Trabajo Sexual y Plataformas Digitales. Informe Exploratorio», presentado en la Cámara de Diputados, desmonta esa imagen y expone la precariedad estructural del sector.
Ingresos bajos y jornadas extensas
El estudio, basado en 252 encuestas y diez entrevistas en profundidad, revela que el 72,4% de las personas ingresó al trabajo sexual virtual por necesidad económica, empujada por la caída de ingresos en otros rubros durante o después de la pandemia. Lejos de los casos excepcionales que llegan a los medios, solo el 21% gana más de US$500 mensuales y apenas el 18% alcanza los US$1.000, según los datos difundidos.
Las jornadas de trabajo son extensas. El 60,7% dedica hasta cuatro horas diarias a la actividad, un 23% llega hasta ocho horas y un 16,3% supera ese umbral. Pero el trabajo no termina cuando se apaga la cámara: producir y editar contenido, sostener conversaciones con clientes, administrar suscripciones, aprender idiomas, seguir los cambios de algoritmos y promocionarse de forma constante son tareas que rara vez aparecen en los relatos de éxito. Una entrevistada lo resumió así: «si ya prendí el celular, ya empecé a trabajar».
Un ecosistema de plataformas y la autoexplotación como norma
El estudio identifica más de 60 espacios digitales que van de Fansly y ManyVids para la venta de fotos y videos, a Chaturbate, Stripchat o LuckyCrush para transmisiones en vivo, y se apoyan en Telegram, WhatsApp, Snapchat, X y Reddit para la promoción y el contacto con clientes. OnlyFans es apenas la punta visible de un ecosistema mucho más amplio.
La plataforma, con sede en Londres y solo 42 empleados directos, se queda con el 20% de los ingresos de las creadoras. En 2024 generó ingresos por €6.200 millones gracias a sus 377 millones de usuarios registrados. Para Sonia Sánchez, activista feminista y sobreviviente de trata de personas con fines de explotación sexual, «OnlyFans es explotación sexual y trata». Y completa: «A la mujer que está en la esquina y le abonan por sexo, el proxeneta le saca la mitad del dinero y le deja el resto; lo mismo pasa con la plataforma, que se queda con un porcentaje».
Violencia digital, estigma y falta de derechos
El 65% de las trabajadoras sexuales virtuales es víctima de acoso, más de un tercio padece filtraciones de contenido y un gran número sufre ansiedad y depresión, según el informe del Conicet. A diferencia de otros trabajos, las personas que ejercen el trabajo sexual no cuentan con derechos básicos: seguridad social, protección frente a la violencia o regulación de sus condiciones laborales. En el entorno digital, enfrentan además nuevas amenazas: censura, amenazas y extorsiones, robo de identidad, y condiciones abusivas impuestas por las plataformas.
Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, lo planteó con claridad en la presentación del informe en Diputados: «Para nosotras, como sindicato, trabajes en la calle, en un departamento, en un bar, hagas un cameo o trabajes virtualmente en OnlyFans, Cafecito o cobres por PayPal, tenés que tener derechos laborales. Esa ecuación tiene que ser un paraguas legal que proteja los derechos de todas las personas que ejercen el trabajo sexual, independientemente de su identidad de género, su nacionalidad y el espacio donde lo ejerzan».
El perfil que rompe estereotipos
El informe también derriba varios mitos sobre quiénes ejercen el trabajo sexual virtual. El 82,9% se identifica como mujer, pero también hay personas no binarias, varones trans, mujeres trans, travestis y varones cis. La edad promedio es de 31 años y predominan niveles educativos medios y altos, con muchas cursando estudios terciarios o universitarios. Lejos de ser su primer trabajo, la mayoría venía de comercio, gastronomía, servicios, educación, salud o tareas de cuidado, y más de la mitad sigue combinando la actividad virtual con otro empleo remunerado.
Una diferencia sociodemográfica que sorprendió a la propia organización: en el espacio público, el 86% de quienes ejercen el trabajo sexual son madres. En la virtualidad se da al revés: el 76% no tiene hijos. Para Orellano, este cambio cultural y generacional es el reflejo de las conquistas sociales: «Ahí llegó la Educación Sexual Integral y el feminismo; hay un deseo de poder decidir sobre el propio cuerpo y un renunciamiento a la culpa».
El vacío legal y la intimación de ARCA
El trabajo sexual virtual opera en un limbo legal. Aunque el ejercicio del trabajo sexual no está penalizado jurídicamente en Argentina y es reconocido como una ocupación profesional, no existen normativas específicas que lo regulen de forma efectiva. Quienes ofrecen contenidos o servicios sexuales a través de aplicaciones se encuentran en una situación de desprotección similar a la de otros trabajadores de plataformas, pero agravada por el estigma social y la negativa del Estado a reconocer su actividad como un trabajo legítimo.
En este contexto, la intimación de ARCA añade una capa más de presión. La abogada tributarista y los especialistas señalan que, si los datos son correctos, corresponde analizar la regularización fiscal; si son incorrectos, el contribuyente puede responder la notificación y presentar documentación respaldatoria. Pero para muchas creadoras, la deuda atribuida no refleja lo que efectivamente cobraron, especialmente cuando las cuentas eran administradas por agencias.
El caso de OnlyFans pone nuevamente el foco sobre las obligaciones fiscales de quienes generan ingresos mediante plataformas digitales. Pero también expone una contradicción más profunda: un Estado que exige impuestos a trabajadoras sexuales virtuales, pero que no les reconoce derechos laborales, no les garantiza protección social y las deja solas frente a la violencia digital, el estigma y la explotación de las plataformas.

