La directora del FMI, Kristalina Georgieva, afirmó que Argentina “pagará por adelantado” como Grecia, y el ministro Luis Caputo le respondió “te vas a sorprender”, en un intercambio que coincidió con un alza del riesgo país a 641 puntos básicos.
La comparación apareció durante una charla compartida por ambos funcionarios en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en Bangkok. La moderadora le preguntó a Caputo si una mayor inversión y la sostenibilidad fiscal permitirían que Argentina dejara de depender del organismo. Antes de que el ministro desarrollara su respuesta, Georgieva intervino con el ejemplo griego. Para la titular del Fondo, el horizonte deseable es que el país consiga devolver anticipadamente los préstamos. “Serán como Grecia. Pagarán por adelantado”, afirmó. Caputo respondió: “Te vas a sorprender”. El entusiasmo compartido tuvo este viernes un contraste en el mercado: el riesgo país argentino subió más de 3 por ciento y llegó a 641 puntos básicos.
El hecho de elegir ese modelo tiene implicancias que exceden el calendario de vencimientos. Grecia atravesó una profunda crisis bajo los programas de ajuste del organismo. Presentar su recorrido únicamente desde la posibilidad de pagar deudas deja afuera lo ocurrido durante ese proceso con los ingresos y las condiciones de vida de su población. En la intervención de Georgieva, ese tramo de la historia quedó fuera de escena.
La referencia al país europeo estuvo concentrada en su rehabilitación financiera. El argumento es que, después de atravesar una crisis y ordenar sus cuentas, Grecia pudo recuperar condiciones de financiamiento más favorables. Sin embargo, convertir ese resultado en una promesa para Argentina supone mirar el desenlace desde la perspectiva del acreedor. La capacidad de devolver un préstamo no alcanza, por sí sola, para describir la situación social de un país.
Diferencia de escala
También presenta una diferencia de escala. Según las cifras citadas, Grecia canceló un saldo de unos 2.040 millones de dólares, mientras que la deuda argentina con el organismo ronda los 60.000 millones. Argentina es, por lejos, su mayor deudor. La distancia entre ambos montos obliga a tomar con cautela el pronóstico: el pago anticipado que Georgieva presentó como horizonte supone conseguir recursos muy superiores a los que necesitó el país europeo para cerrar su cuenta con el Fondo.
En Argentina, la contracara del equilibrio fiscal aparece en el cierre de empresas y los despidos. El material difundido sobre la jornada señala que el objetivo oficial de bajar la inflación lo más rápido posible desplaza a un segundo plano esos problemas. La discusión sobre el éxito del programa queda así atravesada por una diferencia concreta: las cuentas del Estado pueden mejorar mientras sectores de la producción y el empleo siguen bajo presión.
Antecedentes
La comparación con Grecia omitió además un antecedente argentino. En enero de 2006, el gobierno de Néstor Kirchner canceló en un solo pago una deuda de unos 9.810 millones de dólares con el FMI. Argentina ya había dejado de ser deudora del organismo antes de volver a endeudarse. La posibilidad de pagar anticipadamente no constituye, por lo tanto, una experiencia que deba buscarse en Europa.
Cancelar la deuda puede cerrar una etapa, pero no garantiza que el país deje de recurrir al Fondo. La experiencia argentina muestra que el vínculo puede reconstruirse y alcanzar una escala mucho mayor. Por eso, la promesa de Georgieva deja pendiente una cuestión central: qué condiciones permitirían sostener la autonomía financiera después del pago, sin que el esfuerzo exigido a la población termine siendo la antesala de otro ciclo de endeudamiento.
Los elogios de Georgieva habían comenzado antes del intercambio público. Después de reunirse con Caputo el martes, celebró las mejoras en los fundamentos económicos y la resiliencia argentina, que atribuyó a la disciplina fiscal en un contexto de elevados déficits en otros países. Además, informó que los equipos técnicos trabajaban para finalizar las discusiones de la tercera revisión. El respaldo político convive, entonces, con la continuidad de las evaluaciones y condiciones del organismo.
Mientras Caputo y Georgieva proyectan ese futuro, el mercado sigue poniendo precio a las dificultades del presente. Los 641 puntos de riesgo país muestran la distancia entre los elogios y las condiciones de acceso al crédito. El ejemplo griego sirve al Fondo para celebrar que un deudor finalmente paga. Para la sociedad argentina, la evaluación también pasa por el empleo, los ingresos y la posibilidad de sostener la producción durante el camino.

