Con incomodidad y sin definiciones, la administración de Javier Milei prepara el operativo de seguridad para los posibles festejos por la final del Mundial y deposita en los jugadores la decisión sobre si habrá celebraciones en Casa Rosada, después del gesto soberano con la bandera de Malvinas que descolocó al oficialismo.
«Repetimos lo que dijo el Presidente: estamos esperando la decisión del plantel, de los muchachos de la Selección, los jugadores, y a partir de ahí nosotros nos ponemos a disposición», dijo esta mañana el jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien aclaró que cualquier celebración en la Casa Rosada «será sin funcionarios públicos». Sobre la posibilidad de decretar feriado o día no laborable, Santilli esquivó la respuesta: «La medida la vamos a evaluar en cuanto tengamos definiciones del plantel. Hay que esperar. La decisión es de los jugadores, no es que la toma el Gobierno. Nosotros vamos a acompañar lo que decidan».
Mientras un sector del Ejecutivo intenta convencer a Milei de otorgar al menos un día no laborable, el Presidente se resiste. La administración libertaria traslada ahora una definición que le es propia y la deposita en el plantel, en un intento por despegarse de cualquier costo político después del gesto de la Scaloneta con la bandera de Malvinas y las expresiones de varios jugadores sobre la actualidad del país.
Independientemente de lo que definan los futbolistas, el Ministerio de Seguridad ya prepara un operativo de gran escala para las celebraciones populares, con la articulación del gobierno porteño. «En 2022 hubo 5 millones de personas en las calles. Fueron dos días de fiesta. Nos estamos preparando para el domingo, el lunes y el martes», aseguran en la Ciudad. La propuesta porteña es que el eventual desfile de la Scaloneta se haga por Avenida Libertador y está en evaluación de las autoridades nacionales. «Se va a duplicar y triplicar el personal en algunos casos, habrá despliegue de ambulancias, motos y refuerzo en los hospitales en coordinación con el SAME. Es un operativo muy grande», reafirman en Uspallata.
En la Casa Rosada la incomodidad es inocultable. Después de las críticas de los jugadores y la reivindicación de Malvinas, el oficialismo concentró la logística en la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, mientras que el secretario de Deportes, Daniel Scioli, quedó afuera de la organización y no fue convocado para articular el diálogo con los campeones del mundo que este domingo juegan una nueva final. «Los jugadores son los que tienen la última palabra», repiten puertas adentro, con la certeza de que la pelota ya no la tienen ellos.
