La elección presidencial brasileña del 4 de octubre se define en un empate técnico entre Lula da Silva y Flavio Bolsonaro, atravesada por el escándalo del Banco Master, un informe de inteligencia que alerta sobre injerencia «crítica» de Estados Unidos y un impacto geopolítico que trasciende las fronteras del país.
La lucha por preservar la democracia y la soberanía es la consigna que el presidente Lula da Silva está llevando a cada rincón de Brasil en su campaña por obtener la reelección en octubre. El propio Lula resumió su estrategia al declarar que irá a la Asamblea General de la ONU para decirle a Donald Trump: «No se meta en las elecciones de Brasil». Sin descuidar las redes ni el mundo virtual, Lula —al viejo estilo— recorre el territorio, se abraza con la gente y le dice sus verdades cara a cara. Que Flavio Bolsonaro, su rival, es un «traidor a la Patria» que «conspira contra Brasil» al punto de solicitarle a la Casa Blanca que «aplique sanciones económicas contra el país» es una de ellas.
«No tenemos derecho a perder un voto. Brasil no soporta perros falderos. No soporta políticos que de día muestran la bandera nacional y de noche se ponen en cuatro patas ante Estados Unidos y ante la bandera norteamericana», castigó Lula, vestido con jeans negros y camisa roja, en un acto en Brasilia el 16 de septiembre pasado.
Empate técnico
El escenario electoral es de máxima paridad. Según la última encuesta de Datafolha, en un potencial balotaje Lula obtiene el 46% de apoyo frente al 44% de Flavio Bolsonaro, una diferencia dentro del margen de error de dos puntos que configura un empate técnico. En primera vuelta, Lula lidera con 39% frente al 36% de Bolsonaro. Otras mediciones, como la de Atlas Intel, muestran una tendencia similar: Flavio Bolsonaro aparece primero en la segunda vuelta por apenas 0,4 puntos (47,2% contra 46,8%), consolidando un contexto de polarización extrema. La elección se realizará el 4 de octubre.
El escándalo del Banco Master
Un clásico de las campañas electorales brasileñas es que en los días previos a los comicios se produzca una explosión mediática por la filtración de datos que involucran casos de corrupción. En esta campaña, el escándalo se llama Banco Master. Su dueño, el exbanquero Daniel Vorcaro, está preso desde marzo de este año por un fraude cercano a los 17.000 millones de dólares. La investigación salpica al Poder Judicial, a Flavio Bolsonaro, a legisladores, financistas y empresarios.
El propio Flavio Bolsonaro ha admitido que recibió 12 millones de dólares de Vorcaro para patrocinar una película biográfica sobre su padre, Jair Bolsonaro, aunque defiende que el patrocinio es legal y alega que desconocía el fraude. Lula fue contundente: «Flavio no va a escapar, y lo sabe, porque está metido hasta el cuello en todas las trampas del banco Master». El escándalo también ha provocado una grave crisis en el Tribunal Supremo, ya que varios de sus integrantes han sido citados en las investigaciones, entre ellos el juez Alexandre de Moraes, famoso por la condena de Jair Bolsonaro.
Injerencia estadounidense
Un informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) clasificó como «crítico» el riesgo de interferencia de Estados Unidos en las elecciones de este año. El documento, sigiloso, fue enviado a la Presidencia, al Tribunal Superior Electoral y al Ministerio de Justicia. Según el informe, el gobierno de Estados Unidos busca reafirmar su hegemonía en América Latina, reduciendo la influencia de rivales como China en el acceso a activos estratégicos, riquezas naturales e infraestructura.
En octubre de 2025, Trump envió una lista con 21 exigencias al gobierno brasileño para aliviar el tarifazo, entre ellas «elecciones libres y justas» con participación de «disidentes políticos». La cancillería brasileña calificó el documento como «inaceptable». Flavio Bolsonaro, por su parte, prometió concesiones a Washington: ofreció crear un gabinete de transición que funcionaría con consultas permanentes a Estados Unidos, ventajas para empresas financieras y tecnológicas estadounidenses y un distanciamiento de Brasil del Mercosur.
El cruce en la ONU
El próximo martes 22, en la apertura de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, Lula y Trump se cruzarán en el estrado. Es tradición que el presidente de Brasil inaugure la reunión anual y lo siga, en segundo lugar, el mandatario de Estados Unidos. No está prevista una reunión bilateral, pero Lula aprovechará la oportunidad para aludir a las injerencias externas y a la soberanía. Quien sí quiere juntarse con el presidente brasileño es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien pidió una entrevista con él y lo invitó a participar en un encuentro con dirigentes progresistas.
Una elección de dimensión continental
Brasil enfrenta una elección presidencial de importancia decisiva. Con Lula como presidente, mantiene un alto grado de autonomía política, sostiene su proyecto de multilateralidad como miembro de los BRICS y desafía las embestidas del imperio estadounidense frente a una Sudamérica mayoritariamente sometida al Departamento de Estado y militarizada por el Pentágono.
Esta semana Bolivia informó sobre la capacitación de su policía por parte de comandos norteamericanos y sobre la conformación de una fuerza de tarea conjunta integrada por la Policía, las Fuerzas Armadas y unidades especiales, destinada a enfrentar a organizaciones criminales en la frontera con Brasil. También, el secretario de Estado Marco Rubio, durante su gira por Colombia, Perú y Ecuador este mes, informó sobre la «consolidación de una agenda de seguridad y de control de fronteras, alineadas con la estrategia» de Washington.
Es muchísimo lo que está en juego, y no solo para los brasileños. Estas elecciones tienen dimensiones continentales y globales. Y todos los jugadores lo saben.

