Un informe internacional reveló que 8 de cada 10 argentinos recortaron gastos básicos para pagar la vivienda, 8 puntos por encima del promedio global, en un contexto de desregulación del mercado inmobiliario impulsada por el DNU 70/2023.
La investigación global sobre vivienda elaborada por la organización Hábitat para la Humanidad, basada en una encuesta a más de 30.000 personas en 22 países realizada entre abril y junio de este año, expuso la gravedad de la crisis habitacional en Argentina. El 83% de los encuestados en el país aseguró haber reducido al menos un gasto durante el último año para afrontar los costos de la vivienda, una cifra que superó al promedio global del 75%. Los recortes alcanzaron hasta lo más básico: el 38% gastó menos en alimentos y compras esenciales, el 37% recurrió a sus ahorros o fondos de emergencia y el 35% asumió trabajos adicionales o más horas laborales.
El estudio también reveló que el 34% tuvo que elegir entre pagar la vivienda o cubrir necesidades como alimentación, vestimenta o medicamentos, mientras que el 19% limitó el uso de calefacción o aire acondicionado en sus hogares, casi el triple del promedio mundial del 7%. «Estos sacrificios demuestran que el costo de la vivienda afecta no solo el lugar donde viven las personas, sino también su comodidad, nutrición y estabilidad financiera a largo plazo», destacó el informe.
El 57% de los argentinos teme que un «problema inesperado» pueda poner en peligro su capacidad para mantener su vivienda, en comparación con el 48% en los 22 países encuestados. «Estos hallazgos sugieren que la inseguridad habitacional en Argentina a menudo se desarrolla mucho antes del desalojo o la falta de vivienda. Los hogares conservan su vivienda solo a costa de sacrificar su estabilidad financiera, su salud, su comodidad y sus oportunidades futuras», agregaron desde la organización.
El peso sobre los inquilinos
La presión habitacional no afecta a todos por igual. Los inquilinos mostraron mucha mayor insatisfacción con su situación habitacional que los propietarios (54% frente a 36%) y lo mismo ocurrió al ser consultados sobre su preocupación por contratiempos (68% frente al 51%). Entre quienes alquilan, el 49% aseguró tener dificultades frecuentes para afrontar los costos de la vivienda, proporción que bajó al 31% entre propietarios. El 66% de los inquilinos consideró que el costo de los servicios hace que la vivienda resulte inasequible y 6 de cada 10 afirmó que la suba de tarifas, sobre todo en energía, afecta la posibilidad de pagar la vivienda. «Estos hallazgos reflejan desafíos más amplios en el mercado de alquileres de Argentina, donde los costos de la vivienda y los ingresos familiares a menudo han evolucionado en direcciones opuestas», indicó el documento.
En Argentina, más del 20% de los hogares vive en una vivienda alquilada, un crecimiento del 70% desde el censo de 2010. Sin embargo, ese aumento se dio en un contexto de fuerte deterioro en la accesibilidad: desde fines de 2023, los precios de los alquileres aumentaron por encima de la inflación y, sobre todo, de los salarios, al punto de que alquilar se volvió inaccesible incluso para sectores con empleo formal. Esto ocurrió en un escenario en el que la derogación de la Ley Nacional de Alquileres (N° 27.551) en diciembre de 2023 vía el DNU 70/2023 aceleró el ritmo de suba de precios, acortó la duración de los contratos e impuso mayor frecuencia a las actualizaciones mensuales.
Proyectos de vida truncados
El estudio global también puso el ojo en las expectativas a futuro. Si bien la aspiración a tener una vivienda propia se mantiene, se percibe cada vez más difícil de alcanzar. El 84% sostuvo que el aumento de los costos en Argentina dificulta convertirse en propietario y el 57% dijo que las dificultades de acceso a un techo complican pensar en formar una familia. A su vez, el 60% de los padres afirmó que le preocupa que los costos de la vivienda estén limitando las oportunidades de independizarse para sus hijos. Entre los no propietarios que tampoco esperan comprar una vivienda, 6 de cada 10 señaló que sus ingresos son demasiado bajos, casi la mitad dijo que las propiedades son demasiado caras y 4 de cada 10 aseguró que no cuenta con ahorros suficientes para un pago inicial.
Casi la mitad de los encuestados (48%) cree que Argentina va por «mal camino» en materia de vivienda, y apenas el 20% sostuvo que se aborda eficazmente el problema, en comparación con el 34% a nivel mundial. El 70% opinó que las políticas de vivienda no son suficientes para apoyar a quienes compran una vivienda por primera vez, y casi 8 de cada 10 vería con buenos ojos la existencia de más viviendas de «interés social». Entre los más jóvenes (18 a 45 años), el deseo de tener una vivienda propia sigue siendo alto, pero también es mayor la preocupación por los costos (64% versus 51% del resto) y por la posibilidad de construir un proyecto familiar (63% versus 49%).
El panorama global
El escenario internacional también dio cuenta de que la crisis habitacional no se expresa solamente en la dificultad de pagar una vivienda, sino también en todo lo que las personas resignan para poder sostenerla. Entre las conclusiones principales se destacó que el 75% recortó al menos un gasto para pagar la vivienda, un tercio gastó menos en comida y compras esenciales, y el 32% utilizó ahorros o fondos de emergencia. Una de cada diez personas encuestadas retrasó o evitó recibir atención médica por motivos económicos vinculados con la vivienda, y la mitad consideró que un contratiempo inesperado podría comprometer su capacidad de permanecer en el lugar donde vive. Entre quienes habitan en condiciones informales, la proporción llega al 68%. Asimismo, el 31% sumó más trabajos para intentar afrontar los costos.
«La encuesta sugiere que el desafío de la vivienda en Argentina no se trata simplemente de aumentar el acceso a la vivienda, sino de garantizar que esta brinde seguridad, resiliencia y oportunidades duraderas, sin que las familias tengan que sacrificar su bienestar ni sus aspiraciones futuras para conservarla», concluyó el informe.






