La mitad de los trabajadores argentinos no cuenta con protecciones de la Seguridad Social, y la brecha de ingresos entre quienes tienen derechos básicos y quienes no escaló al 61% entre cuentapropistas y superó el 48% en asalariados privados, según un informe del centro CITRA (CONICET-UMET).
La desprotección laboral se transformó en un problema que afecta a cada vez más trabajadores y trabajadoras del país. Los datos oficiales exhibieron que casi la mitad (45,6%) no cuenta con las protecciones asociadas a la Seguridad Social. Las diferencias entre tipos de actividad son significativas: mientras que la desprotección alcanzó al 11,1% de los asalariados públicos, aumentó al 46,2% de los privados y escaló hasta el 66,6% de cuentapropistas. Entre el conjunto de los asalariados, la incidencia es del 37,8%.
Si se mira en términos absolutos, de los aproximadamente 12,8 millones de trabajadores, cerca de 6,0 millones no cuentan con protección laboral. La composición también resulta significativa, ya que, si bien la incidencia fue mayor entre los cuentapropistas por su peso en la estructura ocupacional, los asalariados privados concentraron la mayor cantidad de trabajadores sin protección, con alrededor de 3,6 millones de personas.
Brechas de ingresos por sector
Los datos fueron procesados por el centro de estudios CITRA (CONICET-UMET) desde donde pusieron el ojo en una de las manifestaciones más concretas de la desprotección laboral: las brechas de ingresos. Sobre ello, destacaron las “brechas significativas en los niveles de ingresos entre trabajadores protegidos y desprotegidos”. En concreto, en el ingreso laboral total, las brechas alcanzaron el 61,0% entre trabajadores por cuenta propia, el 50,7% entre asalariados públicos y el 48,7% entre privados.
Las investigadoras Sonia Balza y María Inés Fernández Álvarez analizaron que “en el caso de las relaciones asalariadas, estas diferencias remiten principalmente al grado de regulación de la relación laboral”, en tanto que “entre trabajadores por cuenta propia se vincula con la profunda heterogeneidad y su desigual capacidad para generar ingresos suficientes y sostener mecanismos de protección previsional”.
Más horas, pero en peores condiciones
Un punto no menor tiene que ver con que las desigualdades de ingresos no se explican por la cantidad de horas trabajadas, ya que jornadas relativamente similares coexisten con diferencias sustantivas en las remuneraciones, principalmente entre asalariados privados y cuentapropistas. En otras palabras, la desigualdad de ingresos no parece corresponderse con una menor cantidad de horas trabajadas sino con una remuneración considerablemente menor por cada hora de trabajo.
En el caso del sector privado, quienes contaron con protección trabajaron en promedio 42,5 horas semanales, frente a 39,3 horas entre quienes están desprotegidos, lo que representa una brecha del 7,5%. Entre los cuentapropistas la diferencia es aún menor, con jornadas de 44,6 y 42,9 horas, respectivamente, y una brecha del 3,8%. En ambos casos, coexistieron jornadas relativamente similares con diferencias significativamente más pronunciadas en los ingresos mensuales y horarios.
“En conjunto, los resultados muestran que la brecha entre trabajadores protegidos y desprotegidos reside principalmente en las condiciones bajo las cuales este trabajo se realiza y el nivel de sus remuneraciones, más que en la cantidad de horas trabajada”, destacaron desde CITRA.
Pluriempleo al alza
En una coyuntura de creciente desprotección laboral, también cobra protagonismo el fenómeno del pluriempleo, que abarca a aquellos trabajadores que desempeñan dos o más ocupaciones de manera simultánea. En detalle, creció 3 puntos en 8 años y pasó del 8,7% del total de ocupados en 2017 al 11,5% en 2025, alcanzando el máximo registro de la serie junto a 2024, motivado en gran medida por sectores de menores ingresos, lo que evidencia la crisis que atraviesan los hogares del país para subsistir. La mayoría de los pluriempleados son jefes de hogar y predominan las mujeres. Dentro de los asalariados, el pluriempleo es mayor, especialmente en los públicos.
De acuerdo con un informe de la consultora C-P, el 81% de los pluriempleados tienen dos ocupaciones y en mayor medida son jefes de hogar (63% del total). La participación de las mujeres es mayor (56% del total), mientras que más de la mitad está concentrado en el Gran Buenos Aires (54%). A nivel etario, la distribución de los pluriempleados aumenta a medida que se alcanza la edad activa de mayor plenitud (35 a 49 años), descendiendo después de eso. A su vez, un 64% de los pluriempleados son asalariados, destacando al interior los asalariados públicos (24% del total).
La consultora destacó que el desempeño de los últimos años permite identificar un pluriempleo “tradicional” y uno “emergente”. El primero responde a la lógica de la organización del sector, está compuesto por Educación, Salud y Servicio doméstico y representa el 52% del total. El segundo contiene al resto (48%) y se vincula con transformaciones tecnológicas/flexibilidad y/o a la necesidad de compensar la pérdida del poder adquisitivo.
Por último, en cuanto a la intensidad horaria, precisaron que los pluriempleados trabajan 43 horas semanales frente a 37,5 horas de las personas con un solo empleo. En el tradicional, solo el 26% está sobreocupado (más de 45 horas) pero en el emergente la sobreocupación es la norma (56% trabaja más de 45 horas) y el 22% trabaja más de 60 horas semanales, esto es, más de 12 horas por día para intentar llegar a fin de mes.









