La billetera virtual de Marcos Galperin alcanzó 6,73 millones de personas deudoras en julio de 2026, superando los 6,17 millones de todos los bancos públicos juntos, según un análisis de la Central de Deudores del BCRA realizado por la investigadora del Conicet Kubra Melisa Altaytas. El 74% de esos deudores mantiene obligaciones simultáneas con otros acreedores formales.
Mercado Pago ha dejado de ser un actor secundario en el sistema financiero argentino. En julio de 2026, la plataforma de Marcos Galperin registraba 6,73 millones de personas deudoras, una cifra que supera los 6,17 millones que acumulaban en conjunto el Banco Nación, el Banco Provincia y el resto de las entidades públicas. La comparación adquiere mayor relevancia al observar los montos: los bancos públicos concentraban una cartera de $35,08 billones, casi doce veces mayor que los $2,95 billones de Mercado Pago. Es decir, la fintech presta a más personas, pero con préstamos de menor cuantía.
El dato surge de un análisis realizado por Kubra Melisa Altaytas, doctora en Ciencias Sociales por Flacso e investigadora del Conicet, a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central. El trabajo pone el foco en un aspecto menos visible del crecimiento del crédito digital: la enorme cantidad de personas que acumulan obligaciones simultáneas con distintos prestamistas. Según el relevamiento, el 74% de los deudores de Mercado Pago también mantiene deudas con otros acreedores formales. La superposición alcanza niveles todavía más llamativos con algunas entidades: 2.185.437 personas, equivalentes al 32,48% del total, también le deben dinero a alguna compañía del Grupo Galicia. Si se considera solamente a quienes tienen algún otro acreedor formal además de Mercado Pago, la proporción vinculada al Galicia sube al 43,69%.
Altaytas define este fenómeno como una «interdependencia crediticia desde abajo». Mercado Pago, Galicia y otras entidades quedan conectadas no necesariamente por operaciones entre ellas, sino porque prestan simultáneamente a las mismas personas. Los ingresos de esos hogares son los que, en definitiva, deben sostener varias deudas al mismo tiempo.
La mora: la comparación que Galperin evita
El dato adquiere otra dimensión por la discusión que abrió el propio Galperin sobre la morosidad. El empresario había difundido una comparación según la cual la mediana de la deuda en mora de los bancos públicos alcanzaba aproximadamente $1,4 millones, mientras que en Mercado Libre era de apenas $100.000. También destacó que su compañía representaba menos del 3% del monto total en mora del sistema.
Altaytas cuestiona esa comparación porque la mediana de la deuda impaga no indica qué proporción de los créditos otorgados está en mora. Además, el monto depende del tamaño de los préstamos: una compañía especializada en créditos pequeños naturalmente tendrá una deuda mediana mucho menor que un banco que financia operaciones de mayor magnitud.
Cuando se mide la mora sobre la propia cartera, el resultado cambia. En julio, el 18,16% de los préstamos de Mercado Pago estaba en mora, frente al 10,08% entre los bancos públicos. Al mismo tiempo, 1,14 millones de personas que habían tomado crédito con Mercado Pago estaban en situación irregular, equivalentes al 16,98% de sus deudores. La tendencia es aún más pronunciada en los datos más recientes: según el Banco Central, la mora en billeteras virtuales y entidades no bancarias trepó al 33,69%, con un salto particularmente fuerte en Mercado Pago, cuya tasa de irregularidad pasó del 5,5% en enero de 2025 al 14,7% en enero de 2026, casi triplicándose en un año.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) salió al cruce del informe promovido por Galperin y firmado por el exfuncionario macrista Matías Fernández, que calificaba a Mercado Pago como «el mejor alumno» del sistema financiero. Desde el CEPA remarcaron que el documento adolece de «deliberados ocultamientos y un marcado sesgo». El principal señalamiento apunta a que el informe omite la causa madre de la incobrabilidad: la pérdida del poder de compra de la población. Según los datos del CEPA, en los últimos dos años y medio las tarifas de servicios públicos se incrementaron un 850% y el transporte cerca de un 1.500%, mientras que los salarios crecieron apenas un 300% en promedio. «El endeudamiento inicial funcionó como un amortiguador para postergar la pérdida del ingreso, pero hoy se llegó al límite inevitable del no pago», fundamentan desde el centro de investigación.
Otro de los argumentos del entorno de Mercado Libre era que la morosidad subía simplemente porque se había sumado mucha más gente al crédito formal. Los números del CEPA destruyen esa premisa: al analizar el período 2024-2026, la incorporación de nuevos deudores ascendió a 1,5 millones de personas, pero los nuevos morosos crecieron a 2,6 millones de casos. Es decir, bajo el esquema actual hay más personas que cayeron en la cesación de pagos que nuevos usuarios ingresando al sistema de préstamos.
El riesgo de contagio sistémico
El problema no termina dentro de la plataforma. Si el 74% de los deudores de Mercado Pago mantiene obligaciones con otros acreedores, el deterioro de la capacidad de pago de una persona puede terminar trasladándose hacia el resto de las entidades con las que está endeudada. Esa superposición es justamente lo que convierte la escala alcanzada por la fintech en un fenómeno relevante para el resto del sistema.
Hay además una particularidad que diferencia a Mercado Pago de un prestamista tradicional. Para millones de personas la aplicación no sirve solamente para pedir dinero: también es utilizada para cobrar, transferir, pagar servicios y realizar gastos cotidianos. Según el análisis de Altaytas, esa centralidad puede modificar las prioridades de pago. Una persona puede decidir pagar primero Mercado Pago y postergar otras obligaciones para evitar perder una herramienta que utiliza diariamente. También puede recurrir a nuevas deudas para mantener al día su relación con la plataforma. Por eso, una tasa de mora relativamente menor no necesariamente permite conocer por sí sola el verdadero nivel de fragilidad financiera de sus usuarios.
Las implicaciones para el sistema financiero en su conjunto son significativas. Los bancos tradicionales concentran alrededor del 65% del dinero en mora, mientras que Mercado Pago representa apenas el 2,9% del monto total impago, pero concentra el 19% de los morosos del sistema. Es decir, la fintech tiene una cartera pequeña en términos de volumen, pero una base de deudores enorme. Si esa base se deteriora, el impacto puede sentirse en toda la cadena de crédito, incluyendo a los bancos que prestan a los mismos hogares.
El propio Banco Central ha reconocido el deterioro. El Informe sobre Bancos correspondiente a mayo mostró que el 7,7% del crédito total al sector privado se encontraba en situación irregular, pero entre los hogares la proporción alcanzaba el 12,8%, frente al 3,5% registrado entre las empresas. La tendencia continuó en julio, cuando la irregularidad de los créditos a los hogares pasó del 12,77% al 12,94%, mientras que la mora del sector privado en su conjunto aumentó del 7,63% al 7,73%. El deterioro de los créditos a los hogares se registró en 23 de las 30 principales entidades bancarias.
El desafío regulatorio
La situación plantea un desafío regulatorio de fondo. Altaytas advirtió sobre la asimetría entre las fintech y los usuarios: «No estamos hablando de un contrato firmado entre dos pares. Hay una asimetría enorme entre el usuario y la empresa». Según explicó, las fintech utilizan sistemas automatizados para detectar fraudes, pero sobre todo para construir «scoring» o perfiles de riesgo crediticio. «Desarrollan un puntaje para estimar riesgo crediticio, definir límites, ofrecer préstamos y determinar tasas de interés según el perfil de cada persona».
La investigadora también marcó diferencias entre los bancos tradicionales y las nuevas plataformas digitales. Explicó que los bancos cuentan con regulaciones históricas específicas, mientras que las billeteras virtuales se regulan según la actividad que desarrollan: pagos, transferencias o créditos. Además, señaló que la legislación vigente sobre protección de datos personales no alcanza a cubrir completamente las nuevas prácticas tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial y el análisis masivo de información.
El CEPA denunció además que Mercado Pago cobra Costos Financieros Totales de hasta 1.375% y que liquida su cartera morosa para disimular los índices. La discusión sobre las tasas de interés que aplican las fintech se ha convertido en un tema central del debate público, con demandas judiciales en curso y proyectos legislativos que buscan regular el crédito digital.
Un sistema bajo presión
Los números muestran una cara diferente del crecimiento del crédito digital. Mercado Pago tiene una cartera muy inferior a la de los bancos públicos, pero alcanza a una población mayor: 6,73 millones de personas. Y tres de cada cuatro de esos usuarios tienen además compromisos con otros acreedores. Para Altaytas, ahí aparece la relevancia que adquirió Mercado Pago dentro del sistema. No depende solamente de cuánto dinero presta, sino de la combinación entre la cantidad de personas alcanzadas, la superposición con otras deudas y el lugar central que ocupa la aplicación en los pagos cotidianos. Una dificultad para cumplir con esos créditos puede, por lo tanto, extenderse mucho más allá de la propia fintech de Galperin.
La pregunta que queda flotando es si el sistema financiero argentino está preparado para absorber el deterioro de una cartera tan masiva como la de Mercado Pago. Los bancos han comenzado a refinanciar créditos morosos —más de 500.000 préstamos según estimaciones del sector— y las fintech negocian con unos 2 millones de clientes para renegociar deudas. Pero la superposición de obligaciones y la centralidad de la aplicación en la vida cotidiana de millones de argentinos sugieren que el problema excede la capacidad individual de cada entidad para gestionar su propia mora. La interdependencia crediticia que describe Altaytas es, en definitiva, una advertencia sobre los riesgos de un sistema donde la deuda ya no se distribuye de manera aislada, sino que se entrelaza entre múltiples prestamistas y un mismo deudor.








