sábado, mayo 18, 2024

Los increíbles parecidos entre la pandemia actual y la peste

Italia, año 1347. Unas galeras genovesas amarran en Sicilia y estalla el desastre. Muerte, pánico, conflictos sociales… «Las pandemias pueden desatar las fuerzas destructivas o, si se prefiere una expresión moralista, las fuerzas del mal», asegura el historiador Volker Reinhardt, de 66 años, profesor de la Universidad de Friburgo (Suiza). Especialista en la historia de Italia, ha estudiado a fondo la llegada de la peste al continente europeo y sus consecuencias. Aunque asegura que los historiadores son malos profetas, hablamos con él para descubrir qué cambios trajo a Europa la pandemia y qué lecciones podemos aprender hoy.

La peste, empezó en China y llegó a Italia: ¿en qué se parece a la pandemia actual? 3

El historiador Volker Reinhardt

XLSemanal. ¿Cómo es el mundo al que ataca la peste en el siglo XIV?

Volker Reinhardt. Muy moderno e innovador. Florencia, Milán, Venecia o Génova tienen más de cien mil habitantes. La clase dominante la forman banqueros con conexiones internacionales, grandes comerciantes y empresarios textiles que producen artículos de lujo para Europa. Un mundo en pleno auge.

XL. Una primera globalización.

V.R. Para Europa lo es, y aquella vez también se beneficiaron solo unos pocos. Para las capas inferiores, la vida se volvió impredecible y llena de temores: ¿se está desmoronando el orden de Dios? ¿Acaso el mundo está perdiendo su equilibrio?

“Las élites tuvieron miedo a desatar el pánico. No querían echar a perder sus negocios y negaron la realidad”

XL. Las descripciones del siglo XIV hablan de tormentas devastadoras, de calor abrasador y sequías, de hambrunas. En eso también recuerda al mundo de hoy.

V.R. Alimentar a ciudades con más de cien mil habitantes es complicado y solo se consigue cuando hay buenas cosechas. A pesar de todo, la población de Europa crece, la economía también. En vísperas de la peste domina un ambiente de enorme optimismo. Nadie cuenta con lo que se avecina.

XL. ¿De dónde vienen esas galeras genovesas que traen la peste?

V.R. Del mar Negro, de Crimea. Llevan a bordo el bacilo de la peste, enfermedad que años antes ya había iniciado su viaje desde China hacia Occidente.

XL. El origen de la epidemia se sitúa en Caffa, en Crimea, una base comercial genovesa. La ciudad estaba sitiada por los tártaros y la enfermedad se empezó a propagar entre los sitiadores. Se dice que los tártaros usaron catapultas para lanzar al interior de la ciudad los cadáveres. Aquellos cuerpos infectados fueron las primeras armas biológicas.

V.R. Es una leyenda. Un instrumento típico que también recuerda a este siglo XXI: el mal siempre viene de fuera. Los infieles tártaros son los culpables de la peste. Y en Sicilia se culpabiliza a los habitantes de Mesina, el primer puerto donde hacen escala las galeras que vienen de Crimea. El ser humano es así. Lo desconocido, lo inexplicable, siempre necesita un rostro.

La peste, empezó en China y llegó a Italia: ¿en qué se parece a la pandemia actual?

Dice la leyenda que los tártaros arrebataron a los genoveses el control de Caffa (hoy, Feodosia, Crimea) lanzando los cadáveres de sus soldados muertos por la peste negra al interior de la ciudad con sus catapultas.

XL. ¿La peste vino de China?

V.R. Sí, pero no debe interpretarse como una culpabilización, aquí no estamos al nivel de Trump. Lo han confirmado los osteoarqueólogos a partir del estudio de esqueletos de la época. El bacilo sigue la Ruta de la Seda de este a oeste.

XL. ¿Cuántas personas murieron en China?

V.R. Es difícil saberlo. No había censos ni registros. Las estimaciones de cuántas personas murieron en Europa también difieren enormemente, van del diez por ciento de la población hasta los dos tercios.

La peste, empezó en China y llegó a Italia: ¿en qué se parece a la pandemia actual? 1

Varios estudios señalan que la peste negra, que a mediados del siglo XIV devastó Europa, podría haber llegado al viejo continente desde Asia a lo largo de las vías comerciales de la Ruta de la Seda.

XL. Hasta comienzos del año pasado no supimos que el coronavirus iba a extenderse por todo el mundo. ¿El siglo XIV intuía lo que avecinaba?

V.R. Seguramente no. La última gran peste les quedaba muy lejos, casi 800 años atrás. No había ninguna sensación de amenaza. El shock fue inmenso.

XL. ¿En China murieron millones de personas y en Europa no se enteró nadie?

V.R. Existía un comercio internacional muy activo, pero no había un flujo de noticias entre continentes. Cuando las galeras arriban a Sicilia, empiezan a producirse las primeras muertes en masa. Luego, los barcos prosiguen su viaje hacia el norte recalando en las ciudades portuarias italianas, hasta llegar a Marsella en noviembre. Para Año Nuevo de 1347, la gente ya podía saber que se avecinaba una catástrofe.

XL. De la noche a la mañana, la gente empieza a morir a millares en cuestión de días.

V.R. A veces en horas. Pero hubo margen para haber actuado. En vez de negar la realidad, podrían haber visto que solo había un remedio: el aislamiento. Prohibir el movimiento de personas y mercancías. Hacer acopio de víveres. Pero casi nadie lo hizo.

XL. ¿Por qué?

V.R. Miedo a desatar el pánico. Las élites no querían echar a perder sus negocios.

XL. ¿Qué explicación se dio para la epidemia?

V.R. Que una nefasta conjunción planetaria provocó que un aire ponzoñoso se precipitara sobre la Tierra… Un patrón de explicación, por cierto, al que se recurrió durante mucho tiempo: ‘malaria’ significa aire malo.

XL. En Francia, el rey encarga a la Universidad de París un informe sobre la peste.

V.R. Los remedios propuestos son ridículos: alimentación sana, pensamientos positivos, olores agradables. El wellness, a la orden del día. No pensar en la peste. Por eso también callan las campanas, no tocan a muerto a pesar de que deberían estar sonando a todas horas. Pero su tañido deprimiría a la gente.

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Tras cada muerte por la peste negra se prohibió tocar las campanas para no asustar a la población y se tomaron medidas absurdas como organizar procesiones, verdaderos festines para las pulgas que transmitían el bacilo.

XL. En el centro del mundo medieval estaba Dios. ¿Qué significa eso en realidad?

V.R. Un mundo sin Dios era inconcebible. Es un Dios que escribe la historia, que envía señales para advertir a la humanidad. Un Dios que castiga cuando sus advertencias no surten efecto. La peste obliga a las élites a demostrar que lo son por la voluntad de Dios. Están obligadas a explicar y combatir la peste, pero son incapaces.

XL. Otro síntoma de crisis es que el Papa abandona Roma y pasa a residir en Aviñón.

V.R. El mundo está confuso, la Iglesia se tambalea, hay enfrentamientos. El Papa grava con impuestos a sus clérigos, la propia Iglesia es un motor del capitalismo. Pero ¿de verdad le está permitido? Los lectores de El nombre de la rosa conocen bien las corrientes radicales que existen dentro de la Iglesia y que exigen su pobreza. El estilo de vida del clero causa rechazo.

XL. La sociedad actual ha expulsado a la muerte del día a día, y por eso nos afecta aún más el tan alto número de víctimas que está provocando el coronavirus.

V.R. En el siglo XIV, la esperanza de vida se sitúa por debajo de los 30 años. La muerte forma parte de la vida diaria, es una muerte que tiene sentido. Dios llama a las personas a su lado, a menudo a personas muy jóvenes, pero es una muerte que se puede aceptar, llorar. Sin embargo, durante la peste, la muerte se transforma. Es un morir en serie, anónimo, solitario. No se pueden celebrar los servicios religiosos, hay que cavar fosas comunes. Los ritos cristianos, los sacramentos que garantizan la resurrección, todo eso queda en suspenso.

XL. La Florencia del siglo XIV es algo así como la metrópoli cultural del mundo, la Nueva York de la Edad Media.

V.R. Sí, reúne las tendencias más innovadoras, con artistas y estilos que anticipan el futuro.

XL. ¿Por qué Florencia?

V.R. La cultura es un lujo. Gastar dinero en cuadros o iglesias solo es posible si hay un excedente de producción. Por otro lado, las condiciones de mercado que se daban en la ciudad crearon un clima propicio al genio. Sorprendentemente, el mercado artístico no se hundió con la peste. Florencia salió bastante indemne. Bueno, antes de la peste tenía 120.000 habitantes. No se sabe a ciencia cierta cuánta gente murió, pero según un censo en el año 1427 ya solo viven 37.048 personas.

XL. ¿Qué medidas adoptaron los florentinos?

V.R. Se intentó regular la vida diaria lo máximo posible, hubo edictos para controlar los precios o prohibir el tañido de las campanas. Y luego otras medidas absurdas, como organizar procesiones religiosas, verdaderos festines para las pulgas que transmiten la peste. No se puede hacer nada, pero no se puede admitir que no se puede hacer nada. Se promulgan regulaciones de higiene pública, pero no se aplican. Más o menos lo mismo pasa con los políticos de las democracias actuales. Tienen que sustentar su ‘elegibilidad’ en acciones, porque, si no, la confianza se diluye. En el siglo XIV, ese conflicto es aún más relevante. Si no consiguen poner fin a la calamidad, todo el sistema entra en una crisis de confianza.

XL. ¿Qué efectos tiene la pandemia en la ciudad?

V.R. El conjunto del tejido social se agita. Muchas familias influyentes se ven diezmadas, otras familias ascienden en la escala social. Es una época de herederos felices y de muchos advenedizos. Y el pueblo llano se vuelve insolente, plantea reclamaciones porque hay escasez de mano de obra. Los salarios se doblan, se triplican. Cuando llega la segunda ola, se produce un levantamiento de los ciompi, trabajadores textiles sin derechos, explotados. En tiempos libres de peste, los ricos viven de otra manera y mueren de otra manera. En tiempos de peste, todos mueren igual. Y el que muere igual también quiere vivir igual. Siglo y medio más tarde, Maquiavelo interpreta la revuelta de los ciompi como la primera revolución social. Pero la revuelta solo duró un verano. Los ciompi se dejaron engatusar, un puñado de concesiones bastó para que se disolvieran.

XL. Florencia vive la última gran oleada de la peste más de 70 años después de la irrupción de la enfermedad. ¿Cuándo comienza realmente la recuperación de los efectos económicos de la epidemia?

V.R. En 1430, Cosme de Médici es el hombre más rico de Europa. Pero, comparado con las gigantescas compañías de un siglo antes, es un pez pequeño. El volumen de la economía en su conjunto ha encogido. Italia no volverá a alcanzar el potencial de la década anterior a la peste hasta el siglo XIX.

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Boccaccio inicia el ‘Decamerón’ con varios jóvenes que huyen de la peste y se refugian a las afueras de Florencia, la Nueva York medieval. La peste propicia la aparición de nuevos grupos de poder, como los Médici, y revueltas sociales, como la de los ‘ciompi (trabajadores explotados).

XL. ¿El ascenso de los Médici está relacionado con la peste?

V.R. El reparto de la riqueza, provocado por la enorme mortalidad que se da en las clases superiores, tiene como consecuencia el surgimiento de nuevos grupos de poder. Los Médici compran el poder, y lo hacen al más puro estilo mafioso: se dedican a repartir dinero, a adquirir deudas, a hacerse cargo de hipotecas y, a cambio, esperan sumisión política. Además, se presentan como los protectores de la ciudad designados por Dios.

XL. ¿Y eso cómo se consigue?

V.R. Levantando iglesias y monasterios. En los libros de contabilidad de Cosme de Médici había una columna denominada ‘Dios’, en la que se apuntaban, por ejemplo, los gastos generados por la restauración y saneamiento del convento de Fiésole.

XL. Venecia también queda devastada por la epidemia.

V.R. La peste llega a la ciudad en la primavera de 1348, pero el comercio no se detiene hasta el verano. Los nobles que dirigen la ciudad se vuelven hiperactivos: prohibición del alcohol, cierre de la restauración. Pero, como decía antes, esta actitud no tiene nada que ver con un intento genuino de combatir la epidemia. Siete años después de la peste se produce como reacción un golpe de Estado de las clases medias bajo el liderazgo del dogo; el levantamiento fracasa, el dogo es decapitado. Su retrato en el palacio de la plaza de San Marcos sigue tapado hoy. Pero se aprendieron varias lecciones.

XL. ¿Cuáles?

V.R. Por ejemplo, la introducción de la cuarentena, hacer esperar a los barcos 40 días antes de que se les permita amarrar en el puerto de Venecia. La indignación que provocó que no se hubiera hecho nada parecido en un primer momento fue grande en toda Italia. Indignación también por el hecho de que Milán, no lejos de Venecia, se librara de la peste.

XL. El milagro de Milán.

V.R. ¿Milagro? Las fuentes son muy parcas, se limitan a reseñar que en Milán la gente no muere. Se cuenta que el todopoderoso soberano de la ciudad, Luchino Visconti, enclaustra a tres familias afectadas y deja que mueran de hambre, impidiendo así la propagación de la enfermedad. Se trata de un procedimiento poco cristiano, cierto, pero Visconti actuó siguiendo la razón de Estado.

“Los salarios se triplican por la falta de mano de obra. Y surge la primera revuelta social. Si el pueblo muere igual que los ricos, quiere vivir igual”

XL. La historia de las tres familias suena a leyenda.

V.R. Y seguro que lo es. Lo que hace la ciudad es cerrarse, se establecen controles muy estrictos a la circulación de personas y mercancías.

XL. ¿Y por qué los cronistas de la época hablan tan poco sobre el milagro de Milán?

V.R. En Milán, el poder se transmite dentro de una misma familia. En el resto de las ciudades italianas, organizadas según un modelo más republicano, esa forma de gobierno se considera una tiranía. Visconti gobierna con enorme brutalidad. Es una figura inquietante, su propia esposa presuntamente lo envenenó poco después del fin de la peste. Pero para el pueblo llano esa tiranía resulta un modelo atractivo.

XL. Recuerda a la China actual. La población renuncia a sus derechos y, a cambio, el Partido Comunista le ofrece seguridad.

V.R. Es una forma de verlo, pero este tipo de comparaciones siempre cojean un poco. Dicho esto, sí, un gobierno autoritario se justifica mediante la protección que ofrece frente a las catástrofes.

XL. ¿Por qué el resto de las ciudades italianas no actuó con una velocidad y un rigor parecidos a los de Milán?

V.R. En Florencia también hay buenas cabezas pensantes, pero la constitución republicana de la ciudad hace necesario consultar a diversos consejos, hay que hablar bastante y conseguir la aprobación de muchos organismos.

XL. ¿El Renacimiento guarda alguna relación con la peste?

V.R. Es difícil decirlo. Las primeras obras artísticas de estilo renacentista surgen en el año 1400-1401. El orfebre Lorenzo Ghiberti recibe el encargo de crear unas puertas de bronce para el baptisterio de la catedral de Florencia. Es una obra de arte excepcional. Los motivos son cristianos, pero lo que Ghiberti creó es una visión nueva de la dignidad del hombre, una imagen de la belleza y de la independencia e individualidad humanas. Tras las penurias, tras las muertes en masa, tras la despersonalización provocada por la muerte, se descubre al ser humano como cima de la creación.

Foto apertura Ayer y hoy: plano aéreo de un cementerio improvisado para enterrar a fallecidos por COVID-19 en Brasil, donde ya han perdido la vida 240.000 personas por el virus (a la derecha). El triunfo de la muerte, de Pieter Brueghel (1525-1569). La obra se ha relacionado con el juicio final y con el azote de la peste negra.